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Un viaje para intimar contigo mismo.


Te invito nuevamente a darte un tiempo para leer, hazlo con amor y desde el amor. Pausadamente léelo todo. Lee para reflexionar no para informarte de algo. Lee para crecer, no por pasar el rato. Lee para alimentarte. Si no cumples estos requisitos, te invito a suspender la lectura, quizá esto no es para tí. Quizá no estás preparado para hacerlo vida en tu vida. Quizá aún no estás listo como alumno.
El punto de equilibrio o estado de vida en gozo interior se consigue a partir de una intimidad contigo mismo. 
Éste intimar no es igual en todos ni se consigue al mismo ritmo, de igual manera quiero ser claro, en que si bien es cierto es una tarea personal, siempre la harás junto a otros, pues no eres “cusumbo solo en  la vida” sino un ser  en relación con…
Quiero aclarar que la intimidad contigo mismo no es el punto de equilibrio que hay que buscar alcanzar. Este es sólo el medio básico para que el ordenamiento interior se dé, es  herramienta  por la cual podrás gozar de  paz  y alegría, es la realidad que te enmarca a descubrir y vivir en el misterio de tu ser.
El intimar con tu realidad te permite ubicar lo que te pasa a  diario y darle así el verdadero lugar  a tus vivencias cotidianas.
Intimar contigo mismo es un aspecto arduo de definir y más aún de hacer. A lo largo de éstas líneas iré dando elementos qué te ayudarán  a entender más lo que es intimar con tu propio ser; por lo pronto indico que ésta se empieza a vivir en el encuentro contigo mismo tal cual eres.
Esta expresión se la escuche a una madre joven algunos años atrás, decía: “Le tengo un terrible miedo a la soledad. Ésta me asusta y me hace salir corriendo a encontrarme con  alguien”. -Le preguntamos la razón que la llevaba a esto.  “En la soledad me toca hablar conmigo misma, le tengo pánico y terror hacerlo porque descubro ser  una estrella en mi labor profesional pero en la vida íntima un total desastre además me da miedo encontrar cosas en mí que no me puedan gustar”.
Otra decía: “tengo que estar haciendo algo constantemente porque soy incapaz de quedarme quieta, al hacerlo siento que estoy desperdiciando tiempo y espacio”
Un amigo  reconocía el tener  miedo a salir pensionado porque ¿qué iba a ponerse a hacer? si cuando estaba en vacaciones el hecho de hacer nada lo  volvía  casi loco. Decía que si discutía  siempre con su familia en un poco tiempo que convivía con ellos ¿cómo sería entonces, el hecho de estar de tiempo completo en su hogar? Trabajando se mantenía distraído pero cuando estaba en casa no sabía qué hacer consigo mismo; para sí mismo él era como un enemigo.
Una amiga de años juveniles no puede vivir sin tener algún aparato de sonido encendido: la televisión, el mp3, la radio en el cuarto. Las redes sociales, etc.  Si está todo en silencio empieza a sentir fastidio, la soledad le mortifica, son momentos desagradables.
A mi  entender esto que narro de algunas personas cercanas nos puede ocurrir  muy a menudo a más de uno, no es porque les  falte un tornillo en la cabeza y necesiten atención médica profesional; de pronto claro esta si es muy acendrado lo que  pasa no hay que dudar en buscar esa ayuda; pero en la mayoría de los casos parece que todas estas situaciones son la invitación para hacer un alto en el camino y repensar el trato con nosotros mismos.
Vale la pena aclarar que tratar contigo mismo es una tarea que al principio resulta poco agradable, y más gravé aún si desde la niñez nos han formado con una ética del “deber ser”…..Tú debes ser esto,  tienes que hacer aquello. Esto puede ocasionar que cualquier intento de diálogo íntimo  siempre sea pasado por el colador de un juicio de valores. No estoy diciendo que no haya que calificar de bueno o malo los comportamientos y actitudes pues esto es parte de la conciencia, pero previo a eso sería bueno que te permitieras un encuentro  tranquilo y sosegado.
Hacer el proceso de estar contigo mismo te ayuda a conocerte un poco más y te permite ser más tú.

Una intimidad  a partir de lo que eres.

Te invito para que revises si tu punto desde donde miras, escuchas o sientes el mundo y lo asumes es desde un “deber ser” o desde lo que “eres”. Veamos algunas características de cada uno.

   El “deber ser”

 “Tú debes ser un buen niño. Tú debes ser una buena niña. Tú debes ser responsable.  Tú debes ser honesto.  Tú debes ser fiel.  Tú debes ser exitoso.  Tú debes rezar. Tú debes respetar a los mayores. Tú debes ser bueno estudiando. Sacar buenas notas, ser el mejor del salón, el primer puesto. Debes ser “medico, abogado, policía” ¡Cuántos han escuchado éstas frases siendo niños! Hasta  incluso siendo adultos. Y más doloroso aun cuando nos comparaban con otros diciendo constantemente el tener  que ser igual o mejor que Fulano de Tal. Lógicamente cuando no se podía venía el soberano regaño con el  “No sirves para nada”. Eres un inútil.  Eres una bruta. Un necio. Un vago. Saliste igualito a Sutanito. Pero y eso a quienes no le salían las cosas, pero qué decir del pobre Fulano de tal con quien comparaban todo el tiempo atosigado de responsabilidades y terribles esfuerzos sobrehumanos para mantener lo que los suyos le habían obligado a hacer. El “pobre” sabia en lo profundo de su ser que era la única manera para que lo aceptaran y quisieran.
Pero, ¿quiere decir esto que es malo el deber ser? ¿Son malas las creencias y los valores de donde bebiste siendo niño? Con ahínco y con recelo respondo que no; (la mayoría son buenas, aunque valdría la pena revisarlos detenidamente para purificar lo que son más bien “virus mentales”) aunque no podemos caer en la burlesca idea de que todo lo que heredamos de nuestro entorno está perdido o es dañino. Todo ese constructo  social, religioso, político, económico vale la pena, lo vale en cuanto es el principio para seguir construyendo sobre él para mejorarlo cada día pues la verdad eso no está terminado. Lo que si hoy debo dejar claro es que  antes de un  deber ser hay necesidad de un ser y un estar.
No es la invitación a la mediocridad y a dejar todo a la merced de la corriente, “del destino” sino más bien a establecer cuáles son las  raíces profundas del existir. Revisar en qué  está enraizada mi existencia, ¿en realidades que invitan al crecimiento o en creencias mentirosas soterradas de falsas promesas de felicidad y de “statuo quo” pernicioso y atorrante de dominio?
Si vives sólo  a partir del “deber ser” viviendo siempre desde ideales y propósitos que aunque parezcan muy buenos y muy loables sin tener en cuenta lo que eres y tal cual eres, toda tu vida será  muy complicada, siempre sentirás que no alcanzas lo que quieres,  estarás lleno de buenos deseos pero casi ninguno se concretizará y los buenos deseos que te incitaban a buscar la paz nunca cumplirán su cometido.
Siempre tendrás que mantener un cúmulo de imágenes ante los demás, lamentablemente y si o si  todo esto ocasionará “tarde que temprano y más temprano que tarde que por algún punto de tu vida  explotes”. Mantendrás escondida esa realidad a la luz de todos; seguirás con el perfil que  piden ver en ti pero no hay paz interior sino conflicto existencial. ¿Acaso no has sentido que no eres lo que querías ser y lo que quisieras ser cada día se te hace más lejano?
Eres lo que eres; imagen y semejanza.

El ABSOLUTO te pensó  y creó como  un ser integrado, armonizado, bello, unificado.  El Eterno Amante nos  creó a  su imagen y semejanza. Su imagen en el sentido de que para Él: ya somos como él, en razón de que; nuestra humanidad refleja lo que Dios es, aunque a nuestro modo, es decir, humanamente.
Pero  también tenemos que caminar hacia el Absoluto, a eso le llamamos semejanza. Ese caminar se hace  todos los días; es  una búsqueda  en un hacerse cada vez más como el absoluto; a ese proceso de hacerse en Dios y como Dios lo llamamos camino de santidad o en palabras de hoy en día ordenamiento interior o integración interior. Camino de humanización.
Por tanto, el ordenamiento interior es una búsqueda de lo que realmente eres, es una interacción con tu propia identidad; en palabras más sencillas “encontrarte contigo mismo”. Tu eres porque simplemente eres, no  porque hagas esto o aquello o porque tengas  riqueza o poder sobre muchos, o recibas en exceso el placer, no eres  porque alcance  aquel  o éste ideal, sino porque EL ABSOLUTO te hizo  a su imagen y semejanza
Eres y vales porque la divinidad te hizo,  eres como la Divinidad a lo humanamente Divino. Cada día de tu  vida estás llamado a hacer  un crecimiento a partir de lo que eres y no de lo que deberías ser  todo gracias a la  realidad que te anima y te llama; el ser semejante al ABSOLUTO.
Pero este hacerse semejante sólo se puede lograr desde lo que eres, si pretendes ser mejor persona a partir de lo que deberías ser, se te producirá una frustración que te llevará a dolores y angustias pues siempre estarás negando lo que hay, lo que eres: tierra, polvo. Cuando me refiero a polvo lo hago en sintonía con el escritor sagrado del Génesis, eres  creatura de Dios, hijo suyo  y asumido para ser dios.
Si no partes desde allí, desde lo que eres; negarás tu realidad más profunda y así nunca podrás entrar en comunicación con lo que eres para construir y alcanzar lo que quieres y debes ser. Así  darás el verdadero  lugar al “deber ser” que tiene su tarea y responsabilidad en jalonarte hacia un ideal a conseguir.
Surge una pregunta que es explorada en todas las religiones y posturas filosóficas la búsqueda de la perfección, pero y entonces ¿qué es ser perfectos? Lo diré en tres afirmaciones:
Primero: Un caminar desde lo que la fuente, EL ABSOLUTO te pensó.
Segundo: Una búsqueda desde lo que has permitido que sucediera en tu vida;  algunas terribles, otras maravillosas. No puedes negar tu historia, la tuya, la propia, tu camino recorrido, incluso con los aciertos y desaciertos. Tu pasado es tu mejor maestro. No te pelees con tu maestro. Ese te hace recordar tu obligación perfecta de ser perfecto. Porque así puedes ver y entender lo que las huellas en la arena ha dejado tu actuar. Hoy mírala con otra mirada, escúchalo con otros oídos y siéntela con otro corazón. Y ¿Cuál mirada, cual  oído y cuál corazón? El del perdón y el agradecimiento.
Tercero: El maestro y modelo a seguir es la VERDAD. No te creas nunca maestro, no te creas la última botella de agua del desierto, se siempre discípulo, se siempre aprendiz.
Este viaje que iniciaste es un hacerte consciente de lo que eres. No es tarde para emprenderlo.

Un viaje para intimar contigo mismo.

·         ¡haciendo conciencia de lo que eres!
                                        
Pablo Peralta en la obra “vivir a tiempo” nos hace una serie de reflexiones acerca del tiempo, tomaré esta dimensión como el  mediador por excelencia  para poder hacer un encuentro personal contigo mismo.
El intimar contigo mismo lo haces en el tiempo. Éste permite entrar en lo profundo de nuestro misterio, la referencia que  hago de tiempo la hago  no  desde el plano cronológico sino más bien; desde la concepción de tiempo que nos regala Proust. “El tiempo es aquella realidad en la cual tomamos conciencia de que existimos, de que estamos viviendo. Somos nuestra vida hecha conciencia”.[1]
Somos conscientes del espacio en que nos movemos: fuimos, venimos, estamos, estaremos. Hoy estamos acá mañana allá; pero cuando hablamos de tiempo pasamos la concepción que tenemos de espacio. Vemos el tiempo como “un espacio medido para hacer el movimiento”. El tiempo como posibilidad de ser conscientes de nuestra existencia lo descuidamos. La vida la convertimos en un hacer medir el tiempo como espacio para realizar actividades suponiendo que eso nos hará ser.
Intimar contigo es encontrarte en el tiempo del ahora para ser conscientes de lo que estás viviendo. Eso mismo te hacer ser consciente de que lo mejor está por venir. Hoy ya lo tienes porque  en tu ser tienes el  principio de lo que serás (recordemos que somos imagen del Absoluto). Pero también eres conscientes que todavía no (la semejanza) porque lo mejor aún no ha llegado,  aún no has alcanzado lo que la Divinidad te va a regalar; pero sabiendo que él ya te lo regaló.
Intimar  es estar  en amistad contigo mismo para vivir lo que eres. Intimar es hacerse amigo de sí mismo, en términos negativos es dejar de pelear consigo mismo porque consigo mismo se va a vivir para siempre y eternamente. Es hacer un ejercicio existencial que te lleva a navegar en las profundidades de tu misterio. Es posible que allí encuentres, actitudes, posibilidades, encuentros, desencuentros, heridas, miedos, angustias, falencias, traumas, complejos,  alegrías, esperanzas en pocas palabras encontrarás lo que  tal cual eres  y si sigues buceando te encontrarás al Absoluto.
Estando en tu casa interior es viable descubrir que tienes mucha energía desperdigada por estar manteniendo  una serie de imágenes que la sociedad te exige, imágenes que te hicieron crear y que no te permiten ser, pasas fuera de ti  buscando ser otro viviendo una vida de entretenimiento pasajero, amargura y aburrimiento; haciendo de todo para terminar sintiendo un sinsabor de estar haciendo todo menos lo que eres.
El estar  fuera de tu casa intentando ser para satisfacer a los demás te hace salir de ti mismo y  te quita las posibilidades de crecer desde lo que eres y puedes ser; o sea, te roba la aventura de la autenticidad que Dios sembró en ti.
El no tener intimidad contigo  crea un desorden interno pues los sucesos, hechos, dolores, absurdos, miedos, negaciones, desamores, fracasos etc. que todos los días enfrentamos  generan desorden por su misma complejidad, nos crean un desorden al no hacerlos parte de nosotros y  de darles  el lugar que realmente les pertenece, los fuerza a que tomen dimensiones monstruosas y falaces que si bien ahora no son sino trivialidades, mañana serán terribles enemigos habitando en nosotros.
Una hermosa joven me hablaba de haber iniciado hace tiempo  un romance con un joven que ni siquiera le gustaba pero que nunca había sido capaz de decirle que no quería estar con él por no herirlo; pasados varios meses ya como  novios, ella seguía sintiendo la misma realidad frente a él. Hoy día sigue sin terminar esa relación, y más grave aún; le aceptó una propuesta más profunda de relación.  Decía ella; si desde un principio hubiera cortado con todo nos estaría llevando esta tragedia en estos momentos.
El desorden que puede aparecer en cualquier esquina de la vida va apoderándose tan de ti  que ya vives solamente  para ellos, pierdes así el suave aroma de lo que eres. Sólo hueles a pus, basta mirar a algunos  que se no acercan  inmediatamente sentimos que nuestro ser los repela, su sola presencia nos produce una cierta desazón.
De ahí que el estar desordenado interiormente  obliga a gastar energía en cosas que no tienen mayor importancia y se da demasiada importancia a  cosas que no sirven o que no son reales, terminando así en un fracaso constante en una vida reseca y agotadora viviendo de arrastre.
Puede sucederte que te la pases constantemente buscando algo que te distraiga; esperando vacaciones para quitarte ese desasosiego pero nada que lo logras. Vives esperando el fin de semana para descansar, odiando el primer día de la semana. Pero el problema tal vez no es de cansancio sino de desgaste interior, de resequedad. Tu pozo está más que seco. Es posible que solo haya podredumbre y así todo lo que hagas será una terrible tortura, así no puedes ser felices ahora ni nunca.
Estando en desorden interior  y sabiendo que eres un ser en relación con otros, tus relaciones se convierten en dependencia total. Siempre estarás obligado  a vivir lo que ellos esperan y no lo que puedes ser y regalarles.  Así no podrás amar y darle todo a  padres, hermanos, amigos, comunidad, obispo, empresa, negocio, jefes, compañeros de labor,  sino que vivirás cumpliendo expectativas,  mendigando amor. Vivirás en la fría tarea de no ser tú, sino ser los otros, así nunca podrás amar y entregarte totalmente en libertad. No eres libre de amar sino que te obligas a amar para que todos estén contentos y tranquilos. Pero ellos nunca recibirán lo mejor de ti porque no les ofreces vida, sino desechos.
Encontrarte contigo no es encerrarte en egoísmo u orgullo. Al encontrarte podrás  dar lo mejor de ti, no lo que los demás esperan de ti. Darás lo que realmente tienes y eres no la máscara que te has puesto para sobrevivir.
Al tener intimidad intentarás conocerte en lo que eres, pero  hacer un esfuerzo por descubrirte sólo desde lo que tú ves y la inteligencia te muestra, no te llevará a ninguna parte. La razón de ésta afirmación es que  “eres misterio”
Entonces a modo de resumen te recuerdo que la intimidad contigo mismo no es el punto de equilibrio que hay que buscar  alcanzar. Es necia la idea de sólo creerse que con técnicas de meditación y demás se le da vida al ser interior. Este es sólo el medio básico para que el ordenamiento interior se dé, es  herramienta  por la cual podrás gozar de  paz  y alegría, es la realidad que te enmarca a descubrir y vivir en el misterio de tu ser. A ser perfecto en virtud de la perfección del Amor en el AMOR.

Tarea de la semana.

¿Te atreves a mirarte hoy a los ojos a ti mismo y verte tal cual eres?
¿Vives del deber ser?
¿Has vivido desde lo que quieres o desde lo que otros te han impuesto?
¿Qué máscaras de “deber ser” tienes hoy para relacionarte con todo lo demás?
¿Cómo te miras, como te escuchas y cómo te sientes hoy?
 ¿Te has perdonado y has dado perdón y agradecimiento por tu pasado?
¿Qué te tienes que perdonar y a quien tienes que perdonar?
¿Qué virus mentales hay en tu vida de tu proceso de formación y que te impide crecer como persona?
¿En qué huyes o te refugias para impedirte encontrarte contigo mismo?
¿Qué mentiras de tu vida las has convertido en verdades?





[1] Citado en: vivir a tiempo. Reflexiones en torno al misterio del tiempo. Peralta pablo, Montevideo. 2003 pagina, 160

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