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La Crisis. Tercera parada.



Estas situaciones difíciles de la vida aparecen en cualquier esquina. Son ocasionadas muchas veces por factores externos pero algunas otras frutos de nuestras opciones y decisiones.

Desde la estadía en el vientre de tu madre hasta el hoy estás constantemente afrontando cambios en tu ser.

El día del nacimiento es un momento bastante fuerte para todos pues cambias de un ambiente agradable y cómodo a otro más frio, con mucha luz, con sonidos extraños, imágenes que no conoces etc.

De ahí en más, pasas durante varias etapas de cambios, la niñez, la adolescencia, la juventud la adultez y la ancianidad.

El paso de una a otra siempre genera en el interior y exterior una serie de aspectos que no siempre son fáciles de afrontar; es más, ni siquiera muchos de ellos se pueden controlar. La niñez, la adolescencia, la menopausia, la menarquía, etc. son situaciones que todo tu ser afronta.

Al lado de ellas también están tus relaciones con el mundo, con los demás, contigo mismo y con Dios, haciendo de toda tu vida una realidad aún más compleja.

Estos cambios a los que también los puedo llamar crisis son necesarios ya sea para avanzar, para crecer, o para que la vida se siga desarrollando. Ellas te catapultan a asumir nuevos retos, posturas, realidades y posibilidades

Tu vida siempre estará sujeta a las crisis, Te pueden abordar en cualquier momento nadie escapa de ellas.

Pero hay crisis que tienen un horizonte más en el plano de lo existencial, aunque en todos ocurre en cada uno será de una manera  distinta. Son  aquellos momentos en los cuales se pierde todas las luces para continuar.

Ayer todo parecía normal todo estaba en su orden, se creía ser el  dueño de la situación pero de pronto se siente que todo lo que tenías claro y seguro,  casi que por arte de magia desaparece
Estas situaciones tan difíciles en donde todo se complica, pareciera que todo el mundo tomara cartas en el asunto para que  todo  saliera mal.

Pareciera que se es el último en saber que todo se iba a dañar y nada ni nadie advirtió.
Son esas situaciones en las que te parece más bien estar soñando te dices y preguntas si lo que  está pasando es real.

Quiero definir a la situación de crisis existencial como “aquella situación de la  vida que se apodera de todo tu ser, genera desconcierto absoluto,  cuestiona y obliga a mirar la vida de otra manera,  hace asumir lo que  se está viviendo  y te lanza a tomar nuevas posturas  tanto a nivel interno como  externo”.

La crisis es la oportunidad que tienes para girar tu vida hacia mejores horizontes o a peores si no las afrontas.

Es revisar en qué y dónde tienes puestos los pies. Es purificar tu condición humana casi que es evolucionar en tu proceso de humanización.

Esto es  fácil de decir con palabras puesto que quien haya vivido una situación de crisis en la vida sabe que llevarla y salir de ella es casi una labor heroica.

Muchas veces no se es consciente  de que se está en crisis; es más, “a veces lo único que  se sabe es que no  se ve salida por ningún lado a lo que se está viviendo, hasta  se llega a  cuestionarse si la hay”.

Ante la pérdida de un familiar, el saberse engañados por personas amadas, el nunca alcanzar lo  que  tanto se añoraba pues no se pudo concretar, el quedar sin trabajo; la pérdida de los bienes que tanto se  peleó para conseguir y  construir, la traición de los cercanos, los hijos que se van y nunca regresan, la enfermedad, el dolor, el vacío existencial en el sinsentido de todo.

Ante todo esto se aparece la perplejidad, casi que  se pasa por varias etapas.

Hay momentos en que no se quiere aceptar  lo que  está sucediendo, “no es posible que esto  esté pasando” “No es cierto”. “Es un sueño” ¡Pero si ayer estaba hablando con nosotros, como es posible que esté muerta!  No y No. No es posible.

Seguidamente aparecen una cantidad de preguntas. Los miles de cuestionamientos vienen y van. Pero por sobre todo,  el “POR QUÉ”, ¿Por qué tuvo que pasar esto?  ¿No  puede estar pasando? se  repite una y otra vez. Pero ¿por qué  no te puede pasar esto? ¿No será que ese cuestionarnos, es porque te creías invulnerables? ¿Te creías inmunes a todo? ¿Te creías mejor que los demás? Puede ser que pensaras que eras intocable, quizá por ese lado ya la crisis está siendo benéfica; pues te estarás acercando a esos hilos invisibles que mueven tu estar en el mundo.

Pero mientras tanto el dolor y el desespero  hacen  entrar en confusión: La razón no logra comprender lo que te está pasando,  tus sentimientos te sumergen en un mar de  dolor, amas y odias a la vez. Te  toman los deseos de venganza y  solidaridad en un mismo instante. Te  da rabia, porque permitiste sucediera lo que está pasando.  Rabia contra el resto del mundo;  un ansia insaciable por buscar culpables, a veces  sin darnos tregua noche y día nos te lastimas culpándote por lo sucedido.

A los demás les increpas que por sus actuaciones,  estás sumergido en el dolor y la tragedia. Tu pasión queda sin señor y dueño explota por todos lados, busca refugio, la debilidad queda expuesta. Más adelante la pasión se desvanece, pero en la mayoría de los casos la pasión  no estará. No hay ganas de nada ni de nadie.

Mas luego se va sintiendo que nada tiene sentido.  La vida no vale nada se  hace imposible seguir. ¡Ya para qué todo! Se siente ser la escoria y  damos asco.

Se quiere salir corriendo, huir de la situación; dejar todo tirado, largarse  a un lugar donde nada ni nadie nos conozca.

Se desea arrancar del pecho el corazón porque lo que se siente es insoportable.

Hay momentos en que en un solo día pasas por todas estas situaciones, esto varía dependiendo de la persona y su historia.

Si es ante la muerte de un familiar; se le reclama al muerto, se le grita y reclama el por qué nos dejaron así. Por qué nos causan semejante dolor y tragedia. Les rogamos por favor nos lleven con ellos y no nos dejen en este valle de dolor. Una y mil veces arrojados sobre un ataúd, decimos esto y mil cosas más.

Ante esta situación dolorosa  la crisis hace su aparición. Todos  consuelan diciendo: “Tenía que pasar así;  Dios lo quería allá con él”. Pero todo es peor. A nosotros qué nos importa lo que quiera Dios en ese momento. Es más, se le reclama a ese mismo Dios;  se le increpa diciendo ¿por qué nos quitaste lo que  tanto amábamos? ¿Por qué mejor no nos llevaste a nosotros?

Todos  dan razones y miles de respuestas a lo que se está viviendo. Pero se siente que  ninguna  sirve, ninguna consuela. Tal vez todas sean ciertas, pero ninguna  quita lo que en lo profundo del alma  se siente.

Es más, he escuchado que a muchos las palabras dichas es ese momento les molesta, quisieran agarrar lo que tienen en su derredor y estrellárselo en la cara a aquel que viene a hablarles.

Pero aun así cuando todo el mundo se va, cuando todos los que vinieron a llorar con nosotros se marcharon  a lo suyo; todo es dolor, viene la amargura y la soledad, en algunos casos  llegan ideas que nunca se pensaban aparecerían, hay personas que incluso llegan a dar la posibilidad del suicidio.
Pero cuando la situación es la falla de la persona que más  se ama. ¿Esa alma  que se comprometió con nosotros para siempre? Las cosas no son tan distintas. El amor que siente se  entremezcla con rabia y miedo, rabia por lo que nos hicieron pero también miedo de perder a la mujer o el hombre en quien todo se ha aventurado. Un miedo terrible a la soledad.

¿Y qué decir desde  la otra cara de la moneda? ¿Cómo se ven las cosas cuando somos  los que hemos fallado?  ¿Cuando somos  los causantes de  heridas y tragedias ajenas?

Algunos se odian a muerte, otros simplemente intentan tapar lo que  pasa. “se quiere tapar el sol con las manos”  pero por dentro, se sabe que se lleva ese aguijón que  punza en cada momento. Se le busca mil excusas a nuestro comportamiento y  hasta es posible que las existan, pero sea como sea  se hizo daño.

Se puede tapar, ocultar y engañar. Se podrá reír en la cara del otro alegando inocencia pero en lo profundo se sabe culpable.

Se podrá cambiar de lugar o de personas pero siempre la situación irá por dentro.  Se esconderá de quien se dañó; pero  se estará pronto a dañar a los nuevos conocidos. Se dirá que ahora sí se va a enfrentar una nueva vida; se estará resuelto a cambiar; puede ser. Pero si no se ha hecho un proceso de discernimiento serio de lo que hay en lo profundo del ser; ese cambio nunca llegará por buenas intenciones será algo meramente emocional del momento. Lo que hay en el interior en cualquier momento sacará su puñalada y  la clavará por debajo del poncho.

Una crisis puede ser la oportunidad para salir de una vez por todas del fango en el que se ha estado y no querido salir por mil y una razón.

La crisis, hay que afrontarla  se quiera o no. ¿Pero cómo se hace?

He planteado que con sólo  buenas intenciones no se llega a un cambio de actitudes; pues como dice la sentencia popular “de buenas intenciones está lleno el infierno”

Para hacerlo no existe formula alguna y si la hubiera sería falaz puesto que cada uno  es un “Misterio Divino”, pues si bien es cierto se está en relación con otros cada cual vive las situaciones desde un ángulo distinto.

Ante este panorama presentaré algunas herramientas que quizá  puedan ayudar a afrontar las crisis, dependerá de cada cual adaptarlas a su realidad concreta y cotidiana.

Antes que  todo hay que asumir que en el interior  algo  no está marchando bien.

Este aceptar es posible que  ocasione: dolor, vergüenza, negación.

Tampoco  hay que ponerse a pensar y repensar; el o los culpables de dicha situación, no se está con suficientes fuerzas para hacerlo; además, el saberlo no  lleva a ningún lado. No soluciona nada. Lo que único que  ocasionará, es envenenar contra alguien o contra ti mismo. Más adelante cuando se haya hecho un discernimiento más claro; miraremos las diversas actitudes que tomarás frente a aquellos.

De  carácter urgente hay que  frenar todo. Hacer un alto en el camino. Hacer un Stop.

Para hacer éste alto en el camino;  lo mejor y  más recomendable  es hablar tu situación  con alguien que te pueda acompañar, planteárselo a alguien que creas tiene la suficiente ubicación frente a la realidad, esto es más que necesario.  No para que sea un alcahuete; sino más bien alguien con mucho respeto frente al dolor humano, alguien que no se deje llevar por afectos, ojalá sea una persona que tenga el don del discernimiento. Es bueno tener en cuenta que si no  hablas lo que te está sucediendo; lo que pretendas hacer a  lo  sumo lo harás por un día, a lo máximo una semana, pero cuando arrecie la tormenta: es muy posible que des marcha atrás. El hablarlo no es garantía de salir de la situación inmediatamente, sino que es  elemento esencial para  dar pasos firmes.

Es muy loable  en  momentos de crisis no tomar decisiones. Como afirmaba San Ignacio de Loyola: “en momentos de crisis no hacer mudanza”

¿Pero por qué no tomar decisiones en este momento? Dentro de las múltiples respuestas puedo decir que nuestra misma razón, nuestros sentimientos y nuestras pasiones, no están en su mejor momento. Se mezcla de todo. Todo es confusión. El yo-yo aparece. Por tanto, cualquier decisión que se tome puede ser peor, “será más mala la cura que la enfermedad”. No habrá oportunidad para un discernimiento sano.

Surge espontáneamente la pregunta del millón ¿Dónde está metido Dios en este momento? La crisis  es quizá la oportunidad que Dios te ofrece para que no lleves más tu vida por el camino del capricho y de la locura.

Puedo decir que la crisis es  una oportunidad que Dios  brinda para volver a su corazón. Es por ventura el momento justo y preciso para encaminarte a vivir lo que Dios soñó en ti.

Parece que Dios permite que te pase todo lo que  estás viviendo. La crisis puede ser un encaminarte a realizar el sueño que Dios tiene pensado para ti hayas hecho lo que hayas hecho; Dios no se olvida de lo que ha soñado en ti; porque Dios es siempre fiel. (Rom 15,8) Dios no se olvida de su pueblo, no jura en falso (Isaías 65,16)

El no busca que  sufras, al contrario Él sueña y desea la felicidad plena para ti, pero parece que Dios permite que te suceda todo lo que desde tu libertad como hijos suyo optas.  Cabe decir que tu libertad está sujeta no sólo a opciones de un individuo sino a todo un grupo humano, a toda la humanidad que va caminando.

Puede ser que el silencio de Dios frente a una situación es la invitación que él mismo te hace para que también  calles. Es posible que Dios con esa actitud te esté invitando a que aprendas a escuchar. Él tal vez no quiere hablar porque sabe que tu no lo escuchas. El Amado calla, enmudece sus palabras  para que tú te veas obligados a callarte. Un fruto de la impotencia es quedar sin respuestas a  cada realidad que se  creía dominar. Tal vez es lo que busca Dios; busca que te des cuenta de tu impotencia para solamente abandonarte y confiar en él, o sea dar el paso de la fe.

¡La intimación!

Ante la crisis puedes quedarte totalmente pasivo o empezar un proceso de intimación contigo y en ella hacer un discernimiento sano; observar todo que te está sucediendo, todo lo que has permitido que suceda. Todo lo que nos ha llegado del medio en el que estamos y nos ha afectado.

Los ¿por qué?

Es muy saludable que al asumir lo que estés viviendo, evites los ¿por qué? Esos “por qué” es posible que nunca tengan respuesta, pero puedes intentar más bien contestar los “para qué”. Estos quizá te den más elementos para asumir la vida de otro modo.

Los “para qué” te pueden ayudar a entender ¡que  lo mejor está por venir en tu vida! aunque todo parezca que no, aunque todo diga lo contrario. “Lo mejor de tu vida; aún no ha pasado, no ha ocurrido”. Reza el viejo adagio: “Después de la tormenta viene la calma” pero  será una calma más provechosa y más fecunda de la vivida   anteriormente.

Hay que darle tiempo al tiempo, “hay tiempo para todo” (Ecle 3,6)

“Todo a su tiempo” hay que vivir el proceso de punta a punta. Por más que intentes saltarte alguna etapa no puedes lograr tu cometido ya.  Si te forzas a que suceda, desaprovecharás la oportunidad que se te ha brinda. Tan pronto vuelva la crisis  más duro será su ataque. Te tirará contra el piso con más fuerza.

La crisis  lleva a una pregunta que siempre está latente ¿cuál es el sentido de la vida? No sé que es primero si la crisis  lleva a preguntar sobre el sentido de la vida, o el buscar el sentido de la vida lleva a la crisis. A mi modo de ver las cosas puede ser la una o la otra y sin sonar simplista pueden ser  juntas a la vez.

Muchos dicen al sentirse en esa sensación de caída al abismo,  “mi vida no vale nada”, “ya no tengo para qué vivir”, “¿qué sentido tiene todo lo que he hecho?” “soy una miseria humana” “me siento un ser despreciable” “no sé que voy a hacer con mi vida” Se siente que la vida está acabada, asustada, abdicada, aburrida, abandonada, ultrajada, corroída, raída, arrastrada, frustrada, negada, perdida, diluida, aporreada,  golpeada,  saturada,  castigada,  violada,  violentada, ilícita, ilegal, insegura, fastidiada, desubicada, amargada, anonadada, inservible, negra, gris, oscura, desnortada, desorientada,  limitada,  anulada, bruta, necia, torpe, fugaz, pasajera, olvidada, contraída, maltratada, abjurada, envilecida, cansada, desforzada, arrastrada, afligid, trampeada, ilusa, inerte, castrada, burlada, perdida, estrangulada, humillada, insultada, horripilada, angustiada, molestada inusitada, afligida, incolora, sinsabor, cegada, afligida, vilipendiada, insultada, molestada, abusada,  estrellada, arañada, mordida, sórdida, machacada, maldita, compungida, colgada, cosificada, desgastada, mullida, magullada, envilecida, infértil, inservible, lenta, esquiva, paupérrima, enquistada, enferma, cagada, poseída, amañada, enclaustrada, pateada, expulsada, encarcelada, entumecida, esclavizada, secuestrada, perdida, seca, inútil, disecada, frustrada, tétrica, pinchada, pésima, jorobada, constreñida, mala, deplorada, anulada, derogada, cancelada, desorbitada, indigente, abolida, necesitada, menesterosa, recluida, podrida, ida, con estas u otras más vamos manifestando que estamos ante una situación del sin sentido de nuestra vida.

Muchos  han puesto la razón de su existir en lo que hacen, en las relaciones que tienen, en sus metas y en su trabajo, en  ideales, en la búsqueda del éxito y por desgracia a veces en sus miedos también.

Pero cuando se va avanzando a lo largo de la vida se encuentra que todo esto no da sentido, hay hartazgo, decepción, vacio, soledad, sinsabor, se queda con la sensación del “nos falta algo”

Se hizo una cantidad de cosas; trabajos, labores, tareas, metas; pero ninguna parece que responde al sentido del para qué estamos. Quizá sentimos un regocijo y un placer por algo alcanzado, una frustración ante el fracaso, tal vez un miedo terrible al sentir el abandono y el rechazo. Se gasta la vida buscando tener, gozar, mandar y pese a conseguir algo de todo eso, se quiere  por un instante sentir un momento de gozo y paz plena que sea eterna.

En lo profundo de tu  ser hay algo que te arrebata a la búsqueda de sentido de tu vida. El sólo hecho de existir  catapulta a buscar algo. Afirma Bernard Welte: “El origen de la pregunta por el sentido (de la vida) está en la estructura misma del ser humano; que funda su existencia en un presupuesto de sentido, de manera que cuando afirmo que existo,  en realidad, (afirmo) que tiene sentido que exista,”Welte  indica que en nuestro ser, sin que  se lo  cuestione o lo haga explicito con pensamientos o palabras, existe ya la búsqueda del sentido de la vida.

Desde el mismo instante de la concepción  ya  se está buscando existir para o por algún motivo. En el encuentro contigo mismo puedes encontrar ese sentido; “el sentido de la vida”.

Pero ese sentido está y  no está. Está en cuanto que ya está puesto en el interior porque el mismo creador al hacernos a imagen suya  dio el sentido de existir. Pero Dios también nos hizo semejantes a él, será el todavía no de la búsqueda, por tanto, dicho sentido de existir sólo será pleno cuando nos fundamos en una fruición de amor en su regazo.

Todos tenemos en el ser el sentido de existir; nuestra existencia lo demuestra pero estamos constantemente catapultados a encontrarnos con el sentido pleno del que nos creó.

Hagas lo que hagas, busques lo que busques, sea donde sea; sólo en Dios encontrarás la plenitud y el sentido de la vida.

Por tanto el hombre siempre estará en búsqueda del sentido de su vida pero si lo deposita en el tener, hacer o gustar; su búsqueda  será torpe y desubicada. Si se lo busca en la creación seremos seres sin nada aunque se tenga todo.

Ante cualquier tormenta y arrebato de la vida, te quedarás sin para donde ir. Cuando todo falle, cuando todo se oscurezca, todo será sin sentido y no porque la vida no tenga sentido sino porque  se ha buscado el sentido de la vida  en el lugar equivocado.

Qué gran discernimiento se tiene  que hacer para mirar si se está buscando el sentido de la vida en lo que nos rodea, de ahí que Jesús  advirtiera: “de que le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida para la eternidad” (Marc 8,36).

Con el discernimiento puedes asumir tu postura frente al mundo para apropiarte de él, evitando que sea él el que se apropie de ti.

La crisis para poner los pies en la tierra.

Al enunciar todo lo anterior  puede quedar la sensación de que entonces ¿cuál es la actitud que se debe tener para lo que nos rodea? La crisis  quieras o no es la mejor oportunidad para poner los pies sobre la tierra y determinar cómo estás  frente a todo. Puede ser que incluso buscando acercarte a Dios, te has alejado de tus hermanos y tu realidad concreta donde Dios te puso. Es posible que hayas caído en un “fugax mundi”, o sea, en un alejamiento del entorno que Dios te dio para santificarte y santificar, con la crisis Dios te está diciendo, “ese no es el camino no estás haciendo el cumplimiento de mi voluntad”

Por último; La fe.

Ya la había alcanzando a esbozar, dije que la fe  te puede  mantener a flote en esos momentos duros y difíciles que la vida trae. La fe  hace refugiar y abandonar en el único que  sostiene.  No se sabe cómo, ni cuándo, ni dónde, pero se tiene conciencia y confianza en Dios.

Por tanto la fe no es simplemente creer en algo que no se ve. La fe es estar en actitud de decir acepto. Es una actitud fundamental. Es aceptar y asumir la existencia tal y como es. Es asumir que esta realidad en que se vive es finita pero que existe la realidad infinita. El que tiene fe asume en su vida que su vida tiene límites y que necesita ser salvado. Es aceptar que existe un no puedo sólo desde sí mismo pero existe un sí puedo desde Dios.

Querido compañero  de viaje es quizá la invitación para que aprendas a escuchar a Dios, a abandonarte en él, a esperar que Él nos extienda su mano y nos salve.

Tarea de la semana:

Por un momento recuerda esas situaciones de crisis que has vivido o si la estás la estás viviendo ahora mismo. ¿Cómo está tu corazón?  ¿Cómo ha sido tu actitud frente a ellas?

Líneas más atrás puse una serie de palabras para significar tu estado de vida, escoge de esa lista las que creas has usado o signifiquen hoy la tuya.

Recordar que en todo momento no debes darle paso a la agresión, ni a la violencia interior, no te agredas, no te hagas daño no es necesario. En dónde tienes que prestar más atención para empezar a equilibrarte. Por último ponte en manos de Dios. El amado te está llamando a gritos escúchalo.

Escribe con mucha calma, al final ora y te pido que compartas con alguien todo lo vivido.



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