En la entrada anterior hablé del demonio diciendo y presentando aquellos demonios que atacan las pasiones, en ésta última entrega hablaré de los otros dos grupos. El primer grupo conformado por tres demonios que atacan desde lo
emocional y el último grupo conformado por dos demonios que atacan lo racional.
El demonio de la tristeza.
Evagrio Póntico afirma:
“la tristeza aparece unas veces por la frustración de los deseos y otras como consecuencia de la ira. Si es por la frustración de los deseos sucede lo siguiente: en primer término vienen unos pensamientos que hacen recordar al alma la casa, los padres y el anterior modo de vida. Y si ven (los demonios) que el alma, en lugar de poner resistencia, sigue estos pensamientos y en ellos se goza, se apoderan de ella y la sumergen en la tristeza puesto que lo pasado ya no es y en la vida presente ya no se pueden dar. Cuanto más se ha disfrutado de los pensamientos del pasado tanto más desaliento y depresión se siente por los siguientes”[1]
La frustración de los deseos y la ira son dos grandes realidades de la
vida. Tomaré lo primero: La frustración
de los deseos. ¿Desear es malo, tener sueños en la vida es perverso? No. El
deseo es la impronta que se tiene para la búsqueda de Dios. Dios al hacernos
semejantes a él nos dio inmediatamente el deseo. El deseo nos lanza a Dios. El
deseo es inherente a la búsqueda de ser más humanos.
La situación radica cuando deseas lo
que te niega. Cuando tu horizonte se pierde, cuando tu camino se desorienta, el
deseo que siempre está ahí queda perdido y te hace ciego a la verdad. El deseo
te lleva encontrarte contigo mismo y allí encontrarle sentido a la vida o sea te lleva a unirte con Dios y hacer su
voluntad.
Recapitularé un poco sobre lo que he dicho acerca del sentido de la
vida. Cuando se está heridos por el pecado se empieza a buscar el sentido de la vida en las cosas
que rodean, al hacer esto se empieza a desear lo que circunda para buscarle sentido a la existencia.
Al buscarlo solamente en lo que rodea se termina esclavizado por ella. Así tus
deseos dejan de ser la búsqueda del éxito y la felicidad y se enrutan en la búsqueda del placer
momentáneo y pasajero. Cuando se busca el éxito pensando que este es el único
que da la felicidad, echas todo a la caneca de la basura. De igual forma cuando
buscas la felicidad sin ubicar el éxito en su respectivo puesto, te
deshumanizas pues no construyes y haces de éste mundo un mundo más humano. Si te centras en tu misión tarde que temprano serás millonario pero si te centras en buscar ser millonario quizá lo logres pero serás un infeliz porque no viviste tu misión.
Si empeñas tu vida en un rumbo sin
sentido, sin desde tu misión; tus deseos lógicamente se ubicarán en la perdición.
Por lo tanto es bueno que te preguntes. ¿Qué motivaciones internas
tienes cuando deseas, cuando sueñas
desde qué perspectiva lo haces? ¿Tu corazón qué tan desnudo está cuando sueñas? Es necesario desear, pero desea siempre hacer la voluntad del Padre. Si
deseas lo que Dios no ha soñado en ti, caminarás con rumbo fijo a la
destrucción. Desear no es buscar una o aquella posesión económica, no está en el
marco de lo económico o social, claro está que pasa por ahí, pero ese no es su
culmen. La frustración llega cuando los deseos no van de la mano con el sentido
de la vida. La frustración es hija de deseos mal encaminados, de opciones
fundamentales erradas o nunca encaminadas, de objetivos existenciales insanos y
patológicos. Más adelante me encargaré del tema de los sueños para
profundizarlo.
Una persona que tiene un nivel alto de tolerancia a la frustración es
porque sus deseos están bien encauzados. Muchos padres proyectan a los hijos sus
frustraciones. A la larga cuando los hijos no lo consiguieron por “x o y”
motivo hay doble frustración y se
quejarán afirmando que ellos los han decepcionado. Pero ¿no sería que se había
deseado por ellos y se estaban guiando
sin dejar que fueran ellos mismos impidiendo
en su vida lo que Dios había soñado para ellos?
Anteriormente hablé del volver al
pasado movidos por el “todo pasado fue mejor” Este es un deseo movido por el demonio de la tristeza para que tu
alma se aferre a algo que ya no es. Después de una buena dosis de imágenes el
demonio de la tristeza te habla al oído diciéndote que eres la víctima más
inocente que haya en el mundo y que todo el resto del mundo es y ha sido
perverso contigo. Te lo dice hasta
saturarte para que evites reconocer la culpa de lo que también hay de verdadero
en ti.
Pero también están las pérdidas, las añoranzas, nostalgias, fracasos, la
presencia de personas amadas y que ya no están hacen que el corazón se vuelva
un nudo, el alma se oscurezca y la vida se ponga descolorida. La tristeza hace
parte del ser humano. Es una reacción emocional ante lo discordante y duro de
la vida. Por tanto la tristeza en sí misma no es mala, ella simplemente es una
emoción. Lo trágico de la tristeza es que ella como emoción asuma el control de
la vida. El demonio de la tristeza toma esa emoción y la excita para que el
poder sobre ti sea desgarrador, fuerte y
abrumador.
El demonio de la tristeza se vale
de mil imágenes para recordarte lo que viviste más aún cuando es algo horrible.
Las imágenes pasan y pasan ante los ojos de la memoria y un deseo profundo de
tristeza y melancolía te van tomando, sientes que hoy no eres nada por culpa de
aquello. Las imágenes de esos recuerdos te hacen entrar en un círculo vicioso
apoderándose de ti la frustración y la desolación.
No hay cosa más horrible para el alma que entrar en desolación. Si ya
antes no había sentido existencial ahora el sinsentido es peor. Tu debilidad queda expuesta y corres a buscar
cualquier cosa para alegrarte. La tristeza va apoderándose tan de ti que va carcomiéndote
el alma. La sensación de frustración se hace cada vez más insoportable.
Intentas alegrarte en un sinnúmero de
distracciones pero tan sólo son eso: distracciones. La alegría se te convierte
en algo superficial, es una alegría con cara de burla. No es alegría de alguien
en paz sino es alegría morbosa. Burla soterrada. La persona que vive burlándose
de otros es muestra clara de una persona
que sufre de una terrible tristeza no
enfrentada en su interior; vive frustrada. Al quedarse sola consigo
misma la consume una profunda nostalgia y sensación de incomodidad interna, al
igual que cualquier fruto del yugo del demonio ésta se llena de ansiedad. Siente vergüenza de sí
misma y cierta rabia contra el mundo, consigo misma, con su pasado, con los que
la han amado o con quienes le han causado daño. Corre a buscar en cualquier
cosa un sosiego, comida, alcohol, sexo, droga. Etc.
No te auto-engañes, ni te dejes engañar por el demonio que nuevamente te
llena de argumentos falsos con cara de verdad. No te auto-lamentes sintiéndote
victima siempre y en todo momento. El hacerte la víctima es muestra de no
querer salir de tu tristeza interior. Es verdad que en ocasiones fuiste víctima
de alguien; pero con el tiempo no puedes quedarte en esa verdad pues si
reincides en esa actitud los deseos de venganza colmarán tu existencia y no
podrás dar el tan necesario perdón.
Enfrenta al demonio de la tristeza con La Palabra de Dios. (2Co 5,17)
somos hombres y mujeres nuevas si nos dejamos
sanar por ella. Busca una sana confesión de tu realidad con alguien.
Desnuda tu alma para que la luz de la palabra de Dios penetre, perdone, sane y
te ayude a sacar las mentiras del demonio de la tristeza.
El demonio de la ira.
El enojo es una emoción natural de respuesta frente a una
situación. Enojarse es normal y natural lo dije en páginas anteriores, lo malo
es lo que se haga con él.
Dice Evagrio Póntico
"La ira es una pasión muy ardiente. Se la define como un encrespado movimiento de la parte emocional del alma contra quien ha hecho una injusticia a otro o que como injusticia considera. Amarga el ama durante todo el día y arrastra al entendimiento sobre todo en la noche…. Si dura mucho se convierte en rencor; produce por la noche turbación, debilidad y palidez en el cuerpo y ataques de bestias feroces”[2]
Este demonio es uno de los primeros en atacar siempre antecede a los
demás, lleva siempre por caminos de odio
y venganza. Siempre aconseja con
argumentos falsos para que no se de los pasos correctos frente al enojo. Hace
que se pierda en el sinsentido de la
venganza. Llena la cabeza de ideas contra lo que hizo daño. Presenta una serie de ideas y formas de llevar a cabo
planes de venganza. El demonio de la ira día y noche te aconseja para que vayas
tramando “cómo podrás sacarte el clavo que te enterraron”
Si no puedes vengarte se encargará de
envenenarte el alma para que en ningún momento haya sosiego y paz. La vida se
te va llenando de amargura y cierta desazón. La tristeza y la rabia contra todo
el mundo aparecen. Los demás demonios empiezan a atormentarte. Nada te
gusta, no estás de acuerdo con nada, en las conversaciones te opones a
todo. Cualquier cosa que se te proponga te molesta. Hasta incluso llega a
molestarte los demás con su sola presencia.
El demonio de la ira no permite que se
ataque a la causa del enojo, no deja que
al enojo lo ubiques en el lugar que le corresponde, el perdón. Te llena la
cabeza de ideas en contra de ponerle fin a la situación de una manera que no
tenga violencia. Siempre el demonio te engañará con argumentos tan sutiles que
casi no sabrás si son válidos o no. Una manera de saber si lo que estás
asumiendo es del demonio será ver la
violencia que trae consigo todas esas ideas: si sientes que agredes o te agredes
a ti mismos es señal que estás haciendo lo que el demonio aconsejó. Siempre
todo esto terminará en más daño, en dolor, en la muerte.
El que ama se enoja pero es un enojo firme, sustancial deja a la emoción
salir y le da la canalización respectiva, no le deja que sea el enojo el que
guíe su vida.
Cuando el enojo no es expresado
con claridad y caridad, se da permiso a los demás para que te maltraten; más luego para evitar ese maltrato atacarás
las consecuencias del enojo y más grave aún, aconsejados por el demonio de la
ira te convencerás de tomar “velas en el asunto” pero de una manera errónea; la
venganza o el “tragarte” lo vivido con un supuesto perdón. Esto hará que tarde
que temprano explotes muchas veces con
el menos pensado y casi siempre con la persona o cosa que nada tenía que ver en
el asunto.
Dentro de nuestra vida hay enojos de expectativas. Me refiero a esos
enojos donde los demás al no cumplir con las expectativas que se tenían hacen que el interior se movilice a descargar
esa frustración de perfeccionismo con rabia. Cuando se vive inmerso en el
perfeccionismo el enojo estará a flor de boca para estallar, se crecen las
expectativas de lo que se va a realizar tanto personalmente como en los
demás y al no realizarse surge un
temporal interior que poco a poco va siendo más grande hasta llegar a
convertirse en una tormenta con huracán incluido que arrastra y destruye todo
lo del rededor. Éste enojo genera desequilibrio interior y desgaste de las
relaciones personales. Muchas personas luchan contra esto pero el mantener la
tranquilidad y la paz a punta de paciencia no da muy buenos resultados, no les
dura mucho tiempo pues están ubicando la paciencia en el lugar equivocado. Por
más fuerte que sea el dique cuando la creciente del rio es más grande que sus
fuerzas se lo lleva por delante. El problema está en lo que hace que se genere
las expectativas. Existe la perfección pero no el perfeccionismo. Este último
es una manifestación de frustraciones en otros ámbitos de la vida. El
perfeccionismo es una proyección de
frustraciones y desorden interno causado por heridas infantiles o juveniles.
Existe el enojo existencial, aquel enojo que se vive en una constante
cotidiana. Este enojo se apodera de toda la existencia de la persona asiduamente.
Hay tanta amargura en su ser que la única manera de relacionarse consigo mismo y
con los demás es con el enojo. Se vive enojado por todo, es una existencia
movilizada por la confrontación constante. Para estas personas nada es válido
de lo que cuanto les rodea. Sus pensamientos son un circuito cerrado de ideas
negativas y dañinas. La agresión y el insulto son el desfogue de su
resentimiento. El demonio de la ira hace
y deshace con éstas personas lo que quiere con ellas.
Al demonio de la ira hay
que enfrentarlo con firmeza, la palabra de Dios nos dice “no lleguen a pecar
que la puesta del sol no los sorprenda en su enojo” (Ef 4,26) de igual manera intenta expresar tu enojo
siempre buscando la manera de desenojarte.
Si desde un principio eres claro con quien te hace enojar evitarás muchos
dolores y problemas más adelante. No
hagas caso a las mentiras del demonio de la ira que hace que calles u ocultes
tu enojo para después usarlo en tu contra o en contra de los demás.
Quiero acá hacer una salvedad. No quiero demonizar todo y decir que toda
tu “realidad está llena de demonios”, o
que todo es pecado. Pero si quiero dejar bien claro la actitud frente a la
realidad del demonio y cómo nos afecta.
Frente al demonio hay muchos que niegan
su actuar pues es fácil echarle la culpa al demonio de todo y así salvar responsabilidades.
Este es el punto que quiero aclarar: El demonio tienta, pero en último caso
eres tú el que decide desde tu liberta si haces realidad o no en tu vida las
propuestas del demonio. Eso es lo maravilloso de la libertad puedes elegir
entre vivir el sueño que Dios tiene pensado para cada uno o vivir en el pecado.
El demonio de la acedia.
Este
demonio según los monjes es uno de los más peligrosos, su modus operandi siempre es el mismo;
llega cuando todos los demás demonios han atacado, o cuando estás en plena
actividad frenética por eso es llamado por los monjes como el demonio del medio
día. Llega cuando estás cansado de un día de labor o cuando en la mitad de la
vida se siente que no se ha conseguido nada
por lo que se había luchado con tanta entereza.
Usa los restos y el cansancio que han producido tus luchas con los demás
demonios pero también te ataca cuando estás distraído.
El demonio de la acedia tiene mayores logros cuando tienes desorden interior
puesto que su manera de actuar es muy disimulada, se disfraza con mucha
facilidad, se esconde en las eventualidades que te van sucediendo. “tiene en si
casi todas las tentaciones y pensamientos”. Mientras los otros demonios tocan
sólo una parte del alma, este la ocupa toda. “Sofoca el entendimiento. Roba al
alma toda elasticidad. No se tiene gusto por nada” [3]
El demonio de la acedia según Gregorio el
grande, “trae como consecuencias; desesperación, desaliento, mal humor,
amargura, indiferencia, somnolencia, aburrimiento, evasión de sí mismo, hastió,
curiosidad, dispersión en murmuraciones, intranquilidad del espíritu y del
cuerpo, inestabilidad….”[4]
La gran mayoría no es conscientes
de la visita de este demonio. Todo parece tan normal en lo que estás viviendo que
ni siquiera lo enfrentan. Se nos vuelve pan de todos los días. Es esa sensación
interna de aburrimiento y que nada gusta
y que hagas lo que hagas nada te queda
bien, incluso haciendo cosas lindas y buenas. El demonio de la acedia toca con mucha
facilidad al enfermo para que se desanime y no continúe con su tratamiento
médico o para que rechace lo que está viviendo, de renegar de su estado y
quiera hasta incluso suicidarse.
Para enfrentar al demonio de la acedia
se recomienda.
1. Quedarse
donde se está. El hecho de estar
huyendo constantemente y no enfrentar lo
que se está captando buscando distracciones no ayuda en nada, por muy buenas
que sean las intenciones y lo que se vaya a hacer, (puede ser una estrategia
del mismo demonio) es necesario que te quedes quietos en tu cuarto, sin música
y en silencio, sin televisor encendido etc.
En tu casa, en un rincón, etc, y allí
hacerle frente.
2. la Palabra de Dios: Como
siempre lo he venido repitiendo la palabra de Dios no para rebatir los
argumentos falsos del demonio sino más bien para consolar al alma; (cuando queremos
huir para que alguien nos dé un supuesto consuelo, (salm 77,3) para los deseos
de huir de tu cuarto o casa donde estamos enfrentando el demonio de la acedia con el Salmo (132,14) enfermedad corporal
(Miqueas 7,9) para aquel que siente desesperanza y desgano de vivir (salm 37,3).
3. Dividir el alma en dos: Cuando estés ante el demonio de la acedia tu ser pareciera que se
partiera en dos, esto lo puedes usar a tu favor; pues puedes consolarte a ti
mismo, haz un diálogo interior donde una parte le hable y la otra que le
responda, decirte: “alma mía confía y no temas” (Isa 12,2) tu amado ya vendrá.
Las lágrimas te pueden ayudar mucho, pero
no llorar de rabia, sino llorar con el deshago normal de los dolores que
experimentas.
4 La
tranquilidad: Enfrentar el tedio con mucha tranquilidad, creyendo que el mundo no se acabará en ese
momento si te quedas por un instante quieto y en silencio. Engaño del demonio
de la acedia es hacerte creer que estás perdiendo el tiempo si te quedas quieto
y luchando.
5 Regulación: Una vida
bien regulada y moderada, hay que vivir de la siguiente manera: “piensa que
mañana te vas a morir, eso le sirve al alma para que sienta que debes estar
listo para el encuentro con Dios y a la vez, pensar también que vas a vivir
muchos años, eso le sirve a el cuerpo porque hay que cuidarlo en su buena salud”.
Tres cosas nos pueden ayudar a vivir moderadamente: tener en cuenta y programar
el Descanso, (hay que saber
descansar, no hay que apabullarnos de trabajo
y de cosas que nos distraigan y que
hacen cansarte más creyendo que reposar es cambiar de actividad, hay que
descansar sosegar el alma y el cuerpo;
es muy bueno practicar algún deporte, al menos caminar ayuda. Trabajar:
no hay que darle paso al demonio de la pereza. Oración: su
constancia y perseverancia todos los días,
te ayudará enfrentar el demonio de la acedia con mucha más facilidad.
Por ahora he descrito los demonios de lo emocional, ahora miraremos los demonios que atacan lo racional.
El demonio de la vanagloria.
Nos
enseña Evagrio Póntico.
“El pensamiento de la vanagloria es muy sutil y se introduce con facilidad furtivamente entre los virtuosos. Este demonio les sugiere el deseo de publicar sus empeños y esforzarse por la fama entre los hombres. Pinta en su fantasía: expulsión de furibundos demonios, curación de mujeres, y una multitud que lo toca con veneración sus vestidos. Anuncia que llegará a ser sacerdote y ya le hacer oir como la gente llama a su puerta buscándole. Si se resistiera se lo llevarían atado. Y llevado por esperanzas vacías le entrega a tentaciones del demonio del orgullo o de la tristeza cuando le sugieren pensamientos que van contra sus esperanzas”[5]
Hemos visto como es tentado el monje.
Pero en nada difiere como tienta el
demonio de la vanagloria a algunos, éste es muy sutil, perspicaz y astuto además nos ha
estudiado detalladamente. Ha visto que tienes grandes cualidades y que se ven
reflejadas en lo que haces. Usa esas cualidades para hacerte creer que eres el
salvador y el superhéroe del momento. En resumen: usa tu grandeza humana para
inflarte hasta llevarte al extremo de explotar.
El demonio de la vanagloria te inyecta
de imágenes fantásticas para que empieces a creerte “centro de mesa” y a quien todo el mundo tiene que rendirle pleitesía
y respeto. Usa tu imaginación para
crearte mundos fantásticos donde
eres “el mejor y el plus ultra”.
Las debilidades las ocultas con tu grandeza. En silencio se sufre porque ha logrado de todo pero hay
algo que atormenta y parece increíble el “que siendo tan grande y tan superman
lo demás en la vida no lo pueda manejar”
Este demonio se ubica en lo racional
específicamente. Busca que la persona luche y se esfuerce por banalidades y por
cosas imposibles de ser para él. Por ejemplo lo hace que se imagine un mundo
que se rinde a sus pies por sus dotes de cantante, cuando ni siquiera entona
bien el Himno Nacional. El demonio de la vanagloria busca manera de que nos
creamos más, pero no para una realización personal o profesional sino para
llenarnos de aplausos y dádivas.
El demonio de la vanagloria ataca el yo. Empiezas a sufrir del
“yoismo”; primero yo, segundo yo, tercero yo. La envidia ataca cuando se ve que se le ha reconocido a
otros y a ti no. Sientes rencor porque no te dan lo que a tu entender merecías.
Para enfrentar este demonio que va muy
unido con el demonio del orgullo vive lo que propone la palabra de Dios, (Sant 3,1, Prov.
23,9), una buena dosis de aceptación de la realidad y lo que eres y dónde estás
te ayudará bastante. Pero ante todo, no dejar la mente volar con estas
propuestas fuera de la realidad.
El demonio del orgullo:
Le hace a la persona inflarse, creerse más de la cuenta para que
no vea su realidad humana verdadera y así darle espacio a los demás demonios
para que ataquen. La persona se queda envilecida
en sus triunfos, muchas veces fantásticos así no se ocupará de sí mismo en sus debilidades.
El demonio del orgullo tienta y busca que cuando no sientas que los demás te reconocen todo lo grande que crees ser,
empieces a sentir un vacío existencial de no valer nada y de que no te lo registran;
como respuesta a esa situación tu les increpas para que valoren lo que eres. La mayoría de veces reprendes a
los demás gritándoles que son “unos desagradecidos” pues no miran lo que te
esfuerzas por ellos. No estás hablando de no luchar por tus derechos o de
permitir que hagan contigo lo que se les antoje o que te abusen, porque también
puede ser una falsa humildad, otra estrategia del demonio del orgullo para que
tu no hables pero si vivas amargado en lo profundo de tu ser. Constantemente
vives haciéndote “la víctima y la pobre alma”, es posible que realmente lo que busques son
mimos fruto de una dependencia afectiva enfermiza. Es bueno pelear por lo que
te corresponde y lo que merezcas, pero eso lo dictamina una buena dosis de revisión de lo
que vienes planteando desde el principio.
Ahí está la sutileza del demonio, te
convence de que eres el centro de la mesa pero no para el bien de los demás
sino para bien propio. Puede ser que en algún momento les ayudes a los demás,
pero con el tiempo esa ayuda se convierte en una desgracia porque al no ser
reconocida tu labor todo lo mandas por tierra, muchas veces de una manera
violenta.
Algunas veces el demonio del orgullo te
recita al oído palabras de reclamo. “mira que no te ponen atención” pregúntales
que les pareció lo que hiciste. Es como si necesitaras escuchar que lo hiciste
bien, para inflar tu ego. No estoy hablando de que no se necesite evaluar lo
que se ha realizado. Si no es algo más profundo; es ésta pregunta ¿Cuáles
fueron tus intenciones cuando hiciste esto? ¿Lo hiciste para que te admiraran,
te vieran, felicitaran, pusiste ante todo tu ego? Nos cansaríamos de darnos ejemplos
para evidenciar cómo nos tienta este demonio. Dice Evagrio: vivir así es como
echar todo en una bolsa rota, por más que eches y lo llenes nunca se terminará
de llenar, todo será vacio y desolación; nunca nada te compensará y
constantemente tendrás que hacer más cosas para que te vean y recibir
felicitaciones, necesitarás una cantidad de cosas, palabras, menciones de
honor, para inflar nuestro ego. Pero a veces incluso recibiendo todo esto, tu
ser queda tan vacio que necesitas llenarlo de algo o de alguien acá correrás a
buscarlo según tu debilidad pues tu bolsa está tan vacía que con algo tienes
que llenarla. Con desorden quieres calmar tu desorden. Caes en las redes del
demonio. Será tan sutil que ni siquiera te darás cuenta; nuevamente allí te
hablará al oído haciéndote sentir víctima y merecedor de un rato de escape a lo
duro que te toca vivir porque nada ni nadie te entiende; “mordimos el anzuelo”.
El demonio del orgullo te hace ver a
los demás como menos, los demás siempre serán menos capaces, menos inteligentes,
menos audaces que tu. Lo más duro es que cuando te encuentras a alguien con
mejores capacidades que las tuyas y te dan cátedra, con facilidad le sentimos rabia
y fastidio y crees que el otro es un orgulloso y pedante. No le reconoces “ni
media” de lo que hace. No se soporta la idea que lo haga mejor. Los celos y las
envidias corroen el alma. Buscas la
manera de hacerlo quedar mal y verle los defectos para demostrar que es un
pobre diablo.
En las relaciones de pareja se
sufre terriblemente porque la otra persona humilla a su cónyuge por sus
cualidades y siempre hace sentir al otro que es un bruto, una lento, un
incapaz. O los dos llenos del demonio del orgullo se chocaran constantemente con insultos tratándose de humillarse mutuamente. El demonio del
orgullo te lleva a hacerte sentir como dios. Dios se equivoco en cómo hizo las
cosas, o más grave niegas la existencia
de Dios. El demonio del orgullo siempre pretende hacer caber en tu cabeza el
misterio de la creación y su insondable grandeza.
La descalces te ayudará a enfrentar este demonio con mucha
facilidad, puesto que podrás revisar cuáles son tus motivaciones cuando vas a
realizar algo. Una buena dosis de sumisión y generosidad te ayudará para enfrentar
al demonio y decirle vete que lo haces no es para recibir algo a cambio o para
recibir una gratificación. La ciencia
plantea que nuestro cerebro al recibir una gratificación por algo que hicimos y
otros nos lo reconocieron, este nos descarga una dosis de sustancias por todo
el organismo. Esto es muy válido, pero si constantemente y siempre te mueves
por estas sensaciones físicas tu integralidad se verá afectada porque todo tu
ser lo dedicarás a buscar éstas recompensas fisiológicas.
Para enfrentar a este demonio, una buena proporción de humildad,
reconocer que siempre puedes y debes que aprender de los demás. Recordar
constantemente tus faltas y pecados, así no le darás paso a los pensamientos
que te dicen que eres perfectos. La palabra de Dios guía. Por ejemplo; para cuando se vive juzgando a los demás haciéndonos
creer mejores que ellos (Ecl 7,21); «No prestes atención
a todo lo que se dice, Y así no oirás cuando tu siervo hable mal de ti, Aunque
bien sabes que muchas veces también tú has hablado mal de otros…” cuando creemos que los demás no están a nuestra altura (prov.13,20)
El que anda con sabios sabio será, mas el compañero de los
Necios sufrirá daño. cuando creemos que
podemos ensañar y nos las sabemos todas (Santiago
3,1) Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de
vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.
Conocer tus demonios te permitirá
enfrentarlos fácilmente y así descubrir sus artimañas y hacerles que huyan. Hay
que tener en cuenta siguiendo el método propuesto por los psicólogos y
planteado desde antaño por Evagrio Póntico: Cuando un demonio te ataque hay que
enfrentarlo mirando los cuatro hechos
precedentes:
1. Circunstancias
espacio-temporales (cuándo y dónde sucedió la tentación)
2. Situación social (el ambiente en que estaba)
3. Comportamientos de los
otros (los demás como influyeron en ti)
4. Pensamientos propios (en tu cabeza qué pasaba)[6].
Una manera de conocer el estado emocional de la persona
es revisar qué sueña. Mira que sueñas, que personajes hay, como te sientes en
el sueño, en la manera que te autoreconozcas en los sueños puedes discernir
dónde están tus desordenes.
Si no le pones atención a tus demonios y no luchas, pero más grave aún; si
no sigues al Maestro y caes en la
tentación entonces el desorden va creciendo, el pecado se hace tanto y más
dueño de ti que ya ni te das cuenta de nada. Viene una felicidad casi extraña, te sientes bien pero no te sientes saciado, disfrutas
pero no te sientes colmado, gozas pero no te sientes tranquilo, y te toca
redoblar esfuerzos en conseguir más criatura, en abusar más de ella, en usarla
más para sentir paz.
El desorden chico ya no es
suficiente necesitas más, pero ya te da lo mismo; esto o aquello es igual, “si
lo hice una vez porque no lo hago mil más, igual soy así“; pero no habrá nunca paz.
El ambiente en el que vives se torna tenso, las amistades te usan, el
placer te enferma, etc. Estás con todo y en medio de todos y llegas a sentirte
más solo que nunca, es más; puedes incluso llegar a sentir asco de ti mismo porque ya no estás
en paz y ese Dios que viene a nuestra puerta (Ap 3,20) Al momento de él tocarla sientes el punzón del dolor del pecado.
Pero en algunos casos es tan grande el barullo en tu interior; es tal el desorden;
que puedas no oir su toque ni su voz. Entonces Dios llora y grita fuerte para
salvar su creatura más amada.
[1] Citado en Ansel Grum. Nuestras propias sombras. Pág. 56
[2] Ibid pag 56
[3] Ibid pag 59
[4] Citado en Anselm Grum pag 60
[5] Ibid pag 63
[6] Ibíd. pág. 69
TAREA DE LA SEMANA
1. ¿Tus emociones y capacidad racional vive tentada? ¿cómo es en tí?
2. ¿Has discernido alguna vez tus tentaciones? ¿qué has encontrado?
3. ¿conoces tus demonios? ¿los has enfrentado? ¿que herramientas usas?



Gracias me ha ayudado mucho.
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