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HERIDAS QUE SUPURAN





Toda herida de nuestro interior siempre es fruto de una crisis que tuvimos que enfrentar consciente o inconcientemente. Esas heridas son la forma como ahora interpretamos lo que vivimos y la respuesta que con la cual abordemos nuestra cotidianidad.

Una crisis es un cambio brusco o una modificación importante en el desarrollo de algún evento, que  puede ser imaginario como real, tanto físico, o corporal  como síquico, psicológico, espiritual o moral. Crisis también es una situación complicada o de escasez. En fin el ser humano  por diversas situaciones, circunstancias, hechos o acontecimientos  está expuesto o abocado a experimentar crisis desde el  seno materno en el mismo momento de su concepción hasta cuando sus días llegan a su fin.
Decimos y así se percibe, que la sociedad de hoy en su conglomerado y distintas expresiones sociológicas está pasando por profundas crisis: Identidad, económicas, políticas, religiosas, sexuales, de familia, culturales, legales o legislativas, gubernamentales; en fin sintonicemos cualquier ambiente o expresión y sin duda hallaremos crisis  individuales o colectivas.

Nos estamos acostumbrando a considerar que la crisis es importante y hasta necesaria por cuanto ante la misma “nos pellizcamos” como decimos en el lenguaje popular.  No sé hasta dónde esto sea masoquismo o conceptualización asertiva por cuanto ante una crisis podemos sucumbir;  o tal vez con un buen entrenador   logremos, cuando los medios sean propicios sacar provecho de una crisis.

Para nada ni para nadie resulta confuso,  el darse cuenta que está ante una crisis, por cuanto sencillamente la crisis existe, está ahí. Tal vez si resulta un tanto complejo encontrar o reconocer que es lo que origina o excita la crisis,  la cual puede ser motivada por causas endógenas(internas) o exógenas (externas), siendo más dolorosas, desastrosas y de difícil manejo las que  son motivadas por causas internas; causas que es mejor reconocerlas como heridas.


En wikipedia, encontramos  el siguiente concepto: “Una herida es una lesión que se produce en el cuerpo. Puede ser producida por múltiples razones, aunque generalmente es debido a golpes o desgarros en la piel. Dependiendo de su gravedad, es necesaria asistencia médica. Es toda pérdida de continuidad en la piel (lo que se denomina "solución de continuidad"), secundaria a un traumatismo. Como consecuencia de la agresión de este tejido existe riesgo de infección y posibilidad de lesiones en órganos o tejidos adyacentes: músculos, nervios, vasos sanguíneos. Las heridas pueden ser graves en función de una o varias de estas características: Profundidad. Extensión. Localización. Suciedad evidente, cuerpos extraños o signos de infección”.[1] 

La anterior definición considera el cuerpo como la materialidad tangible de los individuos; sin embargo por ningún motivo podemos desconocer que los seres humanos albergamos una existencialidad  de orden psíquico, psicológico, moral, de animación  y espiritual todo en una total integralidad; esa realidad  también suele ser objeto de heridas producidas por múltiples razones, muchas de ellas revisten una altísima gravedad que requieren de asepsia profunda so pena de tener que cargar con dolorosos traumatismos dado su profundidad y extensión, las cuales cuando se infectan  nos llevan a vivir crisis muchas de ellas dolorosas y desastrosas.

En un acto de coaching (entrenamiento)  reconozcamos dentro del gran vademécum algunas de las tantas heridas que subyacen en el ser humano con sus posibles causas y consecuencias.


La herida del miedo.- Es esa sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario,  que motiva sentimientos de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que se quiere. El miedo causa inseguridad, nos hace ver la realidad como una amenaza, dispara las alertas para ponernos en guardia ante algo o alguien del cual nos tenemos que proteger,  haciéndonos recelosos, nos sitúa como personas rechazadas, aterrorizándonos ante el dolor y el sufrimiento por lo que recurrimos al dopaje, al analgésico, al escapismo para evadir la realidad. La herida del miedo supura a través de la mentira con sofismas tales como; es que si yo confió, o hablo o confronto sin duda saldré muy mal trecho, herido o herida de muerte, es decir nos lleva a   la cobardía.


La herida del abandono.- Esta  puede venir desde el seno materno, pero fundamentalmente en la primera infancia cuando no recibimos los afectos ni el amor en el momento oportuno.  Nos hace sentir inadecuados, inoportunos,  desacertados, errados, indignos de ser amado e incapaces de amar. Al sentirnos abandonados buscamos la soledad, nos apartamos, nos divorciamos como un mecanismo de defensa, solo vemos desamor, generando la tristeza, la apatía y antipatía. El abandono es generador de crisis con la sensación de que algo falta, hace muy difícil la relación abierta, autentica, verdadera con la otra persona; siempre nos consideramos in-dignos para recibir y dar amor. Esta herida segrega  su infestación  con falsedades como creerse un ser;  incomprendido, que está solo, abandonado, que nadie le entiende, ni le tienen paciencia.

La herida de impotencia.- Se cataloga como la incapacidad de poder sostener y lograr lo que se quiere o desea, es el sentimiento frente a lo que consideramos incontrolable, es la sensación de no poder lograr los objetivos propuestos.

Muy probablemente nuestros  progenitores empezaron a cercenar causando esta herida cuando nos catalogaron como el producto de  un embarazo no deseado, o cuando mamá se sentía  impotente ante el parto y cuantos episodios de impotencia vivimos en la infancia y adolescencia y  muchos más ante los fracasos de la vida adulta.

La impotencia nos lleva a buscar culpables  a culpar a los demás, a ser víctimas o victimarios, culpamos a la vida, a la mala suerte, a Dios mismo. Genera crisis ante la  incapacidad para afrontar los desafíos, anula el emprenderismo, para terminar en la autocompasión la conmiseración,   dando alaridos de víctima ante todo lo que sucede en nuestro entorno. Como elemento potencializador construimos farsas como “me siento abrumado,  agobiado; es que no seque hacer; estoy como aturdido; me siento ofuscado; no sé ni que pensar.

La herida del rechazo.- Es la intransigencia,  la negación, la ceguera e intolerancia ante  la evidencia   o la realidad. El refutar y contradecir la misma verdad. Se da la sensación de no ser amado, aceptado, nos consideramos despreciables y repugnantes, que no somos “monedita de oro” por lo tanto no le caemos bien a nadie. Podemos llegar al desprecio hasta de nuestro mismo cuerpo y personalidad,  por lo cual siempre estamos contemplando y emulando aquellos ídolos, esculturales, atléticos o las modelos sensuales, eróticos o eroticas  voluptuosas;  se está a la caza de prototipos que habilidosamente nos proponen los que supuran por esta herida.

Genera en crisis con argucias como “no me veo bien, todo me cae mal, nadie me quiere, todos me evaden, nunca tienen en cuenta lo que digo u opino, siempre debo estar en la oposición, no valgo nada, soy un ser despreciable, prefiero morir.

La herida de la confusión.- Es la operación y derivación de complicar, mezclar,  fundir o refundir cosas diversas, perturbar los ánimos, equivocar, errar frecuentemente, la confusión mental es la disminución de la actividad bien ejecutada. Puede tratarse de la pérdida de orientación o de memoria, de una ligera ofuscación o de un estado de entorpecimiento. Esta herida se genera cuando somos avergonzados de manera muy particular en la primera infancia y en plena adolescencia; apocamiento  del que somos objeto cuando no han sido satisfechas las necesidades básicas de: amor, protección, aceptación, aprobación, cariño, ternura, reconocimiento o hemos sido objeto de   bullying o acoso entre otras tantas causas.



En la edad adulta esta herida manifiesta su presencia cuando no precisamos lo que necesitamos o lo que deseamos, somos indecisos, vacilantes; estamos en una búsqueda continua y desesperada pero de manera ciega y imprecisa tomando caminos que nos conducen al fracaso, la perdición y la dependencia o esclavitud.

La frecuente argucia    con la que pretendemos ocultar la supuración de esta herida es la excusa como “no entiendo que es lo que me está pasando” o “no sé porque me suceden estas cosas “ no me explico porque tiene que pasarme esto justamente a mi” “y porque a mi?”

La herida de la desesperanza.- Es el antagonismo   de la esperanza. Se manifiesta mediante  estados de ánimo por los cuales la persona pueda hallarse deprimida a causa de haber perdido, o sentir el haber perdido la posibilidad de lograr algo desde la utopía el ideal imaginado. Demuestra total inconsciencia de que, lo que  percibimos    no siempre es real, de hecho la realidad es una cosa y la interpretación que de ella hacemos es otra muy diferente. (el tigre no es como lo pintan).

Muy seguramente las necesidades básicas de cada quien,  no han sido satisfechas en la medida y proporción que se hubiese querido o gustado en un idealismo total. Se añora el no haber tenido esto o aquello o posiblemente el haberlo perdido sin siquiera haberlo intentado lograr o el haber fracasado en el primer intento. Se llega a creer o pensar que ni Dios nos ha tratado como consideramos que lo merecemos  llegando a desvalorizar todo lo que en el día a día nos concede de acuerdo a nuestra propia capacidad y realidad.  La desesperanza lleva a ocuparnos de los acontecimientos antes que sucedan, es decir a generar la preocupación.

Ante la desesperanza recurrimos a baladíes pretextos como: “eso nada va a cambiar, todo será siempre igual.” “Ni siquiera Dios mismo puede llegar a cambiar esta situación” Todo siempre será la misma” “Los pobres cada día más pobres y los ricos cada día tendrán más” “Todo lo que se intente siempre será un fracaso”

Estas y muchas otras heridas de las que hemos sido objeto y de las que de una u otra manera nadie está exento generan la perdida de armonía en la integralidad de nuestro ser; provocando  somatizmo a través de nuestra realidad sensible y tangible.

Bienvenido el entrenador, el psicólogo, el consejero, el pastor, el guía, bienvenido quien sea que a modo de bastón nos ayudan a sostenernos, a avanzar a superar las crisis generadas por las heridas que subyacen en nuestro ser.

Dentro de la cultura del lejano oriente la crisis siempre tiene dos compuestos, peligro/ oportunidad.  Dependiendo de la actitud como se tomen, dependiendo de la mirada con que la abordemos, de las personas que busquemos como entrenadores, asesores, consejereos serán los que nos ayuden a tomarlo como oportunidad.

Nuestros pensamientos son el principio de asumir la crisis. Para eso se necesitan los pensamientos de que “esto es una tormenta pero pronto pasará” “toda noche tiene su amanecer” la crisis se vive distinta. La esperanza es el sociego para la crisis. Lo peligroso de la crisis es que puede anular la esperanza. De ahí que siempre y aunque se está en crisis la esperanza siempre es el faro que mueve al barco en la noche oscura.

Desde las neurociencias se propone la fuerza de la conciencia creadora que hay en el interior de cada uno de nosotros para que éste que está más allá de nuestro foco de la conciencia movilice recursos para sanar esas heridas.

Para los cristianos está aquel que oferta la cura y sanación de las heridas conocidas y desconocidas “Vengan a mí, los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré” (Mat. 11. 28) “Mas Él herido  por nuestras faltas, molido por nuestros pecados; el castigo para nuestra paz fue sobre Él, y por sus llagas hemos sido curados” (Is.53.5)

Las heridas sanadas posiblemente dejaran cicatrices, desde ahí  posiblemente se manifiesten crisis, pero estas si serán positivas y nos conducirán a un mejor bienestar.

Por tanto cuando las heridas estén generando crisis, o mejor antes que esto suceda corramos ante la presencia de Jesús Cristo y en total acto de entrega y abandono dejémonos sanar por El que nos conoce desde el vientre maternos y desde lo más intimo de nuestro ser.


Conversemos un poco.

  1. ¿Qué formas conoces tu para sanar estas heridas?
  2. ¿Qué otras heridas encuentras tu en tu vida o la de los demás?
  3. ¿Qué crees de la importancia de un acompañamiento para sanar las heridas?  



[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Herida

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