Estas situaciones
difíciles de la vida aparecen en cualquier esquina. Son ocasionadas muchas veces
por factores externos, por nuestros propios desordenes, por la altura de la edad en que nos encontramos, pero algunas otras frutos de nuestras
opciones y decisiones.
Desde la estadía
en el vientre de tu madre hasta el hoy estás constantemente afrontando cambios
en tu ser. El día del
nacimiento es un momento bastante fuerte para todos pues se cambia de un ambiente
agradable y cómodo a otro más frío, con mucha luz, con sonidos extraños,
imágenes que se desconocen etc, de ahí en más,
pasas durante varias etapas de cambios, la niñez, la adolescencia, la juventud
la adultez y la ancianidad. El paso de una a
otra siempre genera en el interior y exterior una serie de aspectos que no
siempre son fáciles de afrontar; es más, ni siquiera muchos de ellos se pueden
controlar. La niñez, la adolescencia, la menopausia, etc. son
situaciones que todo el ser afronta.
Al lado de ellas
también están las relaciones con el mundo, con los demás, consigo mismo y con
Dios, haciendo de toda la vida una realidad aún más compleja.
Estos cambios a
los que también los voy a llamar crisis son necesarios ya sea para avanzar,
para crecer, o para que la vida se siga desarrollando, ellas catapultan a
asumir nuevos retos, posturas, realidades y posibilidades.
Hoy quiero decirte lo siguiente para tener una perspectiva diferente frente a la crisis:
Hoy quiero decirte lo siguiente para tener una perspectiva diferente frente a la crisis:
"Tu vida siempre
estará sujeta a las crisis" Te pueden abordar en cualquier momento nadie escapa
de ellas, pero hay crisis
que tienen un horizonte más en el plano de lo existencial y aunque en todos
ocurre en cada uno lo será de manera distinta. La crisis también pueden llegar a ser el momento en el cual se pierden todas las luces para continuar.
Ayer todo parecía
normal todo estaba en su orden, se creía ser el
dueño de la situación pero de pronto se siente que todo lo que tenías
claro y seguro, casi que por arte de
magia desaparece.
Estas
situaciones tan difíciles en donde todo se complica, pareciera que todo el
mundo tomara cartas en el asunto para que todo nos saliera mal.
Pareciera que se
es el último en saber que todo se iba a dañar y nada ni nadie advirtió. Son esas
situaciones en las que te parece más bien estar soñando te dices y preguntas si
lo que está pasando es real.
Quiero definir la crisis existencial como “aquella situación de la vida que se apodera de todo tu ser, generando desconcierto absoluto, cuestiona y obliga
a mirar la vida de otra manera, hace
asumir lo que se está viviendo y te lanza a tomar nuevas posturas tanto a nivel interno como externo”. La crisis es la
oportunidad que tienes para girar tu vida hacia mejores horizontes o a peores
si no las afrontas, es revisar en qué y dónde tienes puestos los
pies, es purificar tu condición humana casi que es evolucionar en tu proceso de
humanización. Es cambiar el por qué por el para qué esto en tu vida.
Esto es fácil de decir con palabras puesto que quien
haya vivido una situación de crisis en la vida sabe que llevarla y salir de
ella es casi una labor heroica.
Muchas veces no
se es consciente de que se está en
crisis; es más, “a veces lo único que se
sabe es que no se ve salida por ningún
lado a lo que se está viviendo hasta el punto de cuestionarse si la hay”.
Ante la pérdida
de un familiar, el saberse engañados por personas amadas, el nunca alcanzar lo que tanto se añoraba pues no se pudo concretar, el
quedar sin trabajo, la pérdida de los bienes que tanto se luchó para conseguir y construir, la traición de los cercanos, los hijos
que se van y nunca regresan, la enfermedad, el dolor, el vacío existencial en
el sinsentido de todo.
Ante todo esto se aparece la perplejidad, casi
que se pasa por varias etapas; hay momentos en
que no se quiere aceptar lo que está sucediendo, “no es posible que esto esté pasando” “No es cierto”. “Es un sueño”
¡Pero si ayer estaba hablando con nosotros, como es posible que esté muerta! No y No. No es posible.
Seguidamente
aparecen una cantidad de preguntas. Los miles de cuestionamientos vienen y van, pero por sobre todo, el “POR QUÉ”, ¿Por
qué tuvo que pasar esto? el No puede estar pasando se repite una y otra vez. Pero ¿por qué no te puede pasar esto? ¿No será que ese cuestionarnos es porque te creías invulnerables? ¿Te creías inmunes a todo? ¿Te creías mejor
que los demás? Puede ser que pensaras que eras intocable, quizá por ese lado ya
la crisis está siendo benéfica; pues te estarás acercando a esos hilos invisibles
que mueven tu estar en el mundo.
Pero mientras
tanto el dolor y el desespero hacen entrar en confusión, la razón no logra
comprender lo que te está pasando, tus
sentimientos te sumergen en un mar de
dolor, amas y odias a la vez. Te toman los deseos de venganza y solidaridad en un mismo instante. Te da rabia, porque permitiste sucediera lo que está
pasando. Rabia contra el resto del
mundo; un ansia insaciable por buscar
culpables, a veces sin darse tregua
noche y día te lastimas culpándote por lo sucedido. A los demás les
increpas que por sus actuaciones, estás
sumergido en el dolor y la tragedia.
Tu pasión queda
sin señor y dueño explota por todos lados, busca refugio, la debilidad queda
expuesta, más adelante la pasión se desvanece, pero en la mayoría de los casos
la pasión no estará. No hay ganas de
nada ni de nadie.
Mas luego se va sintiendo
que nada tiene sentido. La vida no vale
nada se hace imposible seguir. ¡Ya para
qué todo! Se siente ser la escoria y damos
asco. Se quiere salir
corriendo, huir de la situación; dejar todo tirado, largarse a un lugar donde nada ni nadie nos conozca.
Se desea arrancar del pecho el corazón porque lo que se siente es insoportable. Hay momentos en que en un solo día pasas por todas estas situaciones, esto varía dependiendo de la persona y su historia. Si es ante la muerte de un familiar; se le reclama al muerto, se le grita y reclama el por qué nos dejaron así. Por qué nos causan semejante dolor y tragedia. Les rogamos por favor nos lleven con ellos y no nos dejen en este valle de dolor. Una y mil veces arrojados sobre un ataúd, decimos esto y mil cosas más.
Se desea arrancar del pecho el corazón porque lo que se siente es insoportable. Hay momentos en que en un solo día pasas por todas estas situaciones, esto varía dependiendo de la persona y su historia. Si es ante la muerte de un familiar; se le reclama al muerto, se le grita y reclama el por qué nos dejaron así. Por qué nos causan semejante dolor y tragedia. Les rogamos por favor nos lleven con ellos y no nos dejen en este valle de dolor. Una y mil veces arrojados sobre un ataúd, decimos esto y mil cosas más.
Ante esta
situación dolorosa la crisis hace su
aparición. Todos consuelan diciendo: “Tenía
que pasar así; Dios lo quería allá con
él”. Pero todo es peor. A nosotros qué nos importa lo que quiera Dios en ese
momento. Es más, se le reclama a ese mismo Dios; se le increpa diciendo ¿por qué nos quitaste
lo que tanto amábamos? ¿Por qué mejor no
nos llevaste a nosotros?
Todos dan razones y miles de respuestas a lo que se
está viviendo pero se siente que
ninguna sirve, ninguna consuela.
Tal vez todas sean ciertas, pero ninguna quita lo que en lo profundo del alma se siente.
Es más, he
escuchado que a muchos las palabras dichas es ese momento les molesta, quisieran
agarrar lo que tienen en su derredor y estrellarlo en la cara a aquel que
viene a hablarles. Pero aún así cuando
todo el mundo se va, cuando todos los que vinieron a llorar con nosotros se
marcharon a lo suyo; todo es dolor,
viene la amargura y la soledad, en algunos casos llegan ideas que nunca se pensaban
aparecerían, hay personas que incluso llegan a dar la posibilidad del suicidio.
Pero cuando la
situación es la falla de la persona que más se ama. ¿Esa alma que se comprometió con nosotros para siempre?
Las cosas no son tan distintas. El amor que siente se entremezcla con rabia y miedo, rabia por lo
que nos hicieron pero también miedo de perder a la mujer o el hombre en quien
todo se ha aventurado. Un miedo terrible a la soledad.
¿Y qué decir
desde la otra cara de la moneda? ¿Cómo
se ven las cosas cuando somos los que
hemos fallado? ¿Cuando somos los causantes de heridas y tragedias ajenas?
Algunos se odian
a muerte, otros simplemente intentan tapar lo que pasa. “se quiere tapar el sol con las manos” pero por dentro, se sabe que se lleva ese aguijón
que punza en cada momento.
Se le busca mil
excusas a nuestro comportamiento y hasta
es posible que las existan, pero sea como sea se
hizo daño.
Se puede tapar, ocultar y engañar. Se podrá
reír en la cara del otro alegando inocencia pero en lo profundo se sabe
culpable.
Se podrá cambiar de lugar o de personas pero
siempre la situación irá por dentro. Se
esconderá de quien se dañó; pero se
estará pronto a dañar a los nuevos conocidos. Se dirá que ahora sí se va a enfrentar
una nueva vida; se estará resuelto a cambiar; puede ser. Pero si no se ha hecho
un proceso de discernimiento serio de lo que hay en lo profundo del ser; ese
cambio nunca llegará por buenas intenciones será algo meramente emocional del
momento. Lo que hay en el interior en cualquier momento sacará su puñalada y la clavará por debajo del poncho.
Una crisis puede
ser la oportunidad para salir de una vez por todas del fango en el que se ha
estado y no querido salir por mil y una razón. citaré a Albert Einstein que nos dejó esta reflexión frente a la crisis "Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia.
El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”
La crisis, hay
que afrontarla se quiera o no. ¿Pero
cómo se hace?
He planteado que
con sólo buenas intenciones no se llega
a un cambio de actitudes; pues como dice la sentencia popular “de buenas
intenciones está lleno el infierno” la otra semana hablaré de herramientas para asumir la crisis.
TAREA DE LA SEMANA.
Haz memoria de las crisis que has pasado a lo largo de tu vida y te vas a felicitar porque en cada una de ellas has salido victorioso, ?
- ¿qué te han dejado como enseñanza estas crisis?
- ¿ las has aprovechado como oportunidad?

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