Ante la crisis presentaré algunas herramientas que quizá puedan ayudar a afrontarla; dependerá de cada cual adaptarlas a su
realidad concreta y cotidiana.
- Algo no está bien.
Para
la crisis lo mejor es asumir que algo no está marchando bien, éste aceptar es posible que
ocasione: dolor, vergüenza o negación. Muchas personas no logran crecer en la crisis porque no dan este paso fundamental, pero ojo, aceptar la crisis no significa entrar en un circulo de lamentos y lloriqueos.
- Buscar culpables.
No
hay que ponerse a pensar y repensar; el culpable de dicha situación, en crisis no se está con suficientes fuerzas
para hacerlo; además, el saberlo no
llevará a ningún lado. No soluciona nada
lo que único que ocasionará es
envenenar el alma contra alguien o contra sí mismo.
- Hacer un stop y hablar con alguien.
De carácter urgente hay que frenar todo y hacer un alto en el camino. Para
hacer éste alto en el camino; lo mejor
y más recomendable es hablar la situación con alguien que te pueda acompañar,
planteárselo a alguien que creas tiene la suficiente ubicación frente a la
realidad no para que sea un alcahuete; sino más bien alguien con mucho respeto
frente al dolor humano, alguien que no se deje llevar por afectos, ojalá sea
una persona que tenga el don del discernimiento. Es bueno tener en cuenta que
si no hablas lo que te está
sucediendo lo que pretendas hacer a lo
sumo lo harás por un día, a lo máximo una semana, pero cuando arrecie la
tormenta es muy posible que des marcha atrás en las promesas planteadas. El
hablarlo no es garantía de salir de la situación inmediatamente sino que
es elemento esencial para dar pasos firmes.
- No tomar decisiones.
Es
muy necesario que en momentos de crisis no debes tomar decisiones
como afirmaba San Ignacio de Loyola: “en momentos de crisis no hacer mudanza”
¿Pero por qué no tomar decisiones en este
momento? Dentro de las múltiples respuestas puedo decir que nuestra misma
razón, nuestros sentimientos y nuestras pasiones, no están en su mejor momento.
Se mezcla de todo apareciendo más confusión, El yo-yo aparece. Por tanto
cualquier decisión que se tome puede ser peor, “será más mala la cura que la
enfermedad”. No habrá oportunidad para un discernimiento sano.
- Dios.
Surge
espontáneamente la pregunta del millón para el creyente ¿Dónde está metido Dios
en este momento?
La
crisis es quizá la oportunidad que Dios
te ofrece para que no lleves más tu vida por el camino del capricho y de la
locura.
Puedo
decir que la crisis es una oportunidad
que Dios brinda para volver a su
corazón. Es por ventura el momento justo y preciso para encaminarte a vivir lo
que Dios soñó en ti.
Parece
que Dios permite que te pase todo lo que
estás viviendo. La crisis puede ser un encaminarte a realizar el sueño
que Dios tiene pensado para ti hayas hecho lo que hayas hecho; Dios no se
olvida de lo que ha soñado en ti; porque Dios es siempre fiel. (Rom 15,8) Dios
no se olvida de su pueblo, no jura en falso (Isaías 65,16) El no busca que sufras, al contrario Él sueña y desea la
felicidad plena para ti, pero parece que Dios permite que te suceda todo lo que
desde tu libertad como hijos suyo optas.
Cabe decir que tu libertad está sujeta no sólo a opciones de un
individuo sino a todo un grupo humano, a toda la humanidad que va caminando.
Puede
ser que el silencio de Dios frente a tu situación es la invitación que él
mismo te hace para que también calles.
Es posible que Dios con esa actitud te esté invitando a que aprendas a
escuchar. Él tal vez no quiere hablar porque sabe que tu no lo escuchas. El
Amado calla, enmudece sus palabras para
que te veas obligados a callarte. Un
fruto de la impotencia es quedar sin respuestas a cada realidad que se creía dominar. Tal vez es lo que busca Dios;
busca que te des cuenta de tu impotencia para solamente abandonarte y confiar
en él, o sea dar el paso de la fe.
- ¡La intimación!
Ante la crisis puedes quedarte totalmente pasivo o
empezar un proceso de intimación contigo y en ella hacer un discernimiento
sano; observar todo que te está sucediendo, todo lo que has permitido que
suceda. Todo lo que nos ha llegado del medio en el que estamos y nos ha
afectado.
- Los ¿por qué? Y los ¿para qué?
Es
muy saludable que al asumir lo que estés viviendo, evites los ¿por qué? Esos “por
qué” solamente serán respondidos cuando todo haya pasado, entonces si es así lo
mejor es que puedes intentar más bien contestar los “para qué”. Estos quizá te
den más elementos para asumir la vida de otro modo.
Los “para qué” te pueden ayudar a entender
¡que lo mejor está por venir en tu vida!
aunque todo parezca que no, aunque todo diga lo contrario. “Lo mejor de tu
vida; aún no ha pasado, no ha ocurrido”. Reza el viejo adagio: “Después de la
tormenta viene la calma” pero será una
calma más provechosa y más fecunda de la vivida anteriormente.
- Hay que darle tiempo al tiempo.
“Hay tiempo para todo” (Ecle 3,6) “Todo a su tiempo” hay que vivir el proceso de
punta a punta. Por más que intentes saltarte alguna etapa no puedes lograr tu
cometido ya. Si te forzas a que suceda desaprovecharás la oportunidad que se te ha brindado. Tan pronto vuelva la
crisis más duro será su ataque. Te
tirará contra el piso con más fuerza.
- El sentido de la vida.
La
crisis lleva a una pregunta que siempre
está latente ¿cuál es el sentido de la vida?
No
sé qué es primero si la crisis lleva a
preguntar sobre el sentido de la vida, o el buscar el sentido de la vida lleva
a la crisis. A mi modo de ver las cosas puede ser la una o la otra y sin sonar
simplista pueden ser juntas a la vez.
Muchos
dicen al sentirse en esa sensación de caída al abismo, “mi vida no vale nada”, “ya no tengo para qué
vivir”, “¿qué sentido tiene todo lo que he hecho?” “soy
una miseria humana” “me siento un ser despreciable” “no sé qué voy a hacer con
mi vida”
Muchos han puesto la razón de su
existir en lo que hacen, en las relaciones que tienen, en sus metas y en su
trabajo, en ideales, en la búsqueda del
éxito y por desgracia a veces en sus miedos también.
Pero
cuando se va avanzando a lo largo de la vida se encuentra que todo esto no da
sentido, hay hartazgo, decepción, vacío, soledad, sinsabor, se queda con la
sensación del “nos falta algo”
Se
hizo una cantidad de cosas; trabajos, labores, tareas, metas; pero ninguna
parece que responde al sentido del para qué estamos. Quizá sentimos un regocijo
y un placer por algo alcanzado, una frustración ante el fracaso, tal vez un
miedo terrible al sentir el abandono y el rechazo.
Se
gasta la vida buscando tener, gozar, mandar y pese a conseguir algo de todo
eso, se quiere por un instante sentir un
momento de gozo y paz plena que sea eterna.
En
lo profundo de tu ser hay algo que te
arrebata a la búsqueda de sentido de tu vida. El sólo hecho de existir catapulta a buscar algo. En nuestro ser sin
que se lo cuestione o
se lo haga explicito con pensamientos o palabras existe ya la búsqueda
del sentido de la vida.
Desde
el mismo instante de la concepción
ya se está buscando existir para
o por algún motivo. En el encuentro
contigo mismo puedes encontrar ese sentido; “el sentido de la vida”.
Pero
ese sentido está y no está. Está en
cuanto que ya está puesto en el interior porque el mismo creador al hacernos a
imagen suya dio el sentido de existir.
Pero Dios también nos hizo semejantes a él, será el todavía no de la búsqueda,
por tanto, dicho sentido de existir sólo será pleno cuando nos fundamos en una
fruición de amor en su regazo.
Todos
tenemos en el ser el sentido de existir; nuestra existencia lo demuestra pero
estamos constantemente catapultados a encontrarnos con el sentido pleno del que
nos creó.
Hagas
lo que hagas, busques lo que busques, sea donde sea; sólo en Dios encontrarás
la plenitud y el sentido de la vida.
Por
tanto el hombre siempre estará en búsqueda del sentido de su vida pero si lo
deposita en el tener, hacer o gustar; su búsqueda será torpe y desubicada. Si se lo busca en la
creación seremos seres sin nada aunque se tenga todo.
Ante
cualquier tormenta y arrebato de la vida, te quedarás sin para dónde ir. Cuando
todo falle, cuando todo se oscurezca, todo será sin sentido y no porque la vida
no tenga sentido sino porque se ha
buscado el sentido de la vida en el
lugar equivocado.
Qué
gran discernimiento se tiene que hacer
para mirar si se está buscando el sentido de la vida en lo que nos rodea, de
ahí que Jesús advirtiera: “de que le
sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida para la eternidad”
(Marc 8,36). Con
el discernimiento puedes asumir tu postura frente al mundo para apropiarte de
él, evitando que sea él el que se apropie de ti.
- Poner los pies en la tierra.
Al
enunciar todo lo anterior puede quedar
la sensación de que entonces ¿cuál es la actitud que se debe tener para lo que
nos rodea? La crisis quieras o no es la
mejor oportunidad para poner los pies sobre la tierra y determinar cómo
estás frente a todo. Puede ser que
incluso buscando acercarte a Dios, te has alejado de tus hermanos y tu realidad
concreta donde Dios te puso. Es posible que hayas caído en un “fugax mundi”, o
sea, en un alejamiento del entorno que Dios te dio para santificarte y
santificar, con la crisis Dios te está diciendo, “ese no es el camino no estás
haciendo el cumplimiento de mi voluntad”
Tarea de la semana:
1. Recuerda tus crisis y mira qué te ocurrió; esto te ayudará para que cuando tengas nuevamente alguna, ya sepas de donde puedes agarrarte.
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