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Diez pasos para asumir la crisis como oportunidad.





Ante la crisis presentaré algunas herramientas que quizá puedan ayudar a afrontarla; dependerá de cada cual adaptarlas a su realidad concreta y cotidiana.
  • Algo no está bien.

Para la  crisis lo mejor es asumir que algo  no está marchando bien, éste aceptar  es posible que  ocasione: dolor, vergüenza o negación.  Muchas personas no logran crecer en la crisis porque no dan este paso fundamental, pero ojo, aceptar la crisis no significa entrar en un circulo de lamentos y lloriqueos.
  • Buscar culpables.

No hay que ponerse a pensar y repensar; el culpable  de dicha situación, en crisis no se está con suficientes fuerzas para hacerlo; además, el saberlo no  llevará a ningún lado. No soluciona nada  lo que único que  ocasionará es envenenar el alma contra alguien o contra sí mismo.
  • Hacer un stop y hablar con alguien.

De  carácter urgente hay que  frenar todo y hacer un alto en el camino. Para hacer éste alto en el camino;  lo mejor y  más recomendable  es hablar la situación  con alguien que te pueda acompañar, planteárselo a alguien que creas tiene la suficiente ubicación frente a la realidad no para que sea un alcahuete; sino más bien alguien con mucho respeto frente al dolor humano, alguien que no se deje llevar por afectos, ojalá sea una persona que tenga el don del discernimiento. Es bueno tener en cuenta que si no  hablas lo que te está sucediendo   lo que pretendas hacer a  lo  sumo lo harás por un día, a lo máximo una semana, pero cuando arrecie la tormenta es muy posible que des marcha atrás en las promesas planteadas. El hablarlo no es garantía de salir de la situación inmediatamente sino que es  elemento esencial para  dar pasos firmes.
  • No tomar decisiones.

Es muy necesario que  en  momentos de crisis no debes tomar decisiones como afirmaba San Ignacio de Loyola: “en momentos de crisis no hacer mudanza”
 ¿Pero por qué no tomar decisiones en este momento? Dentro de las múltiples respuestas puedo decir que nuestra misma razón, nuestros sentimientos y nuestras pasiones, no están en su mejor momento. Se mezcla de todo apareciendo más confusión, El yo-yo aparece. Por tanto cualquier decisión que se tome puede ser peor, “será más mala la cura que la enfermedad”. No habrá oportunidad para un discernimiento sano.
  • Dios.

Surge espontáneamente la pregunta del millón para el creyente ¿Dónde está metido Dios en este momento?
La crisis  es quizá la oportunidad que Dios te ofrece para que no lleves más tu vida por el camino del capricho y de la locura.
Puedo decir que la crisis es  una oportunidad que Dios  brinda para volver a su corazón. Es por ventura el momento justo y preciso para encaminarte a vivir lo que Dios soñó en ti.
Parece que Dios permite que te pase todo lo que  estás viviendo. La crisis puede ser un encaminarte a realizar el sueño que Dios tiene pensado para ti hayas hecho lo que hayas hecho; Dios no se olvida de lo que ha soñado en ti; porque Dios es siempre fiel. (Rom 15,8) Dios no se olvida de su pueblo, no jura en falso (Isaías 65,16)  El no busca que  sufras, al contrario Él sueña y desea la felicidad plena para ti, pero parece que Dios permite que te suceda todo lo que desde tu libertad como hijos suyo optas.  Cabe decir que tu libertad está sujeta no sólo a opciones de un individuo sino a todo un grupo humano, a toda la humanidad que va caminando.
Puede ser que el silencio de Dios frente a tu situación es la invitación que él mismo te hace para que también  calles. Es posible que Dios con esa actitud te esté invitando a que aprendas a escuchar. Él tal vez no quiere hablar porque sabe que tu no lo escuchas. El Amado calla, enmudece sus palabras  para que  te veas obligados a callarte. Un fruto de la impotencia es quedar sin respuestas a  cada realidad que se  creía dominar. Tal vez es lo que busca Dios; busca que te des cuenta de tu impotencia para solamente abandonarte y confiar en él, o sea dar el paso de la fe.
  • ¡La intimación!

Ante la crisis puedes quedarte totalmente pasivo o empezar un proceso de intimación contigo y en ella hacer un discernimiento sano; observar todo que te está sucediendo, todo lo que has permitido que suceda. Todo lo que nos ha llegado del medio en el que estamos y nos ha afectado.
  • Los ¿por qué?  Y los ¿para qué?

Es muy saludable que al asumir lo que estés viviendo, evites los ¿por qué? Esos “por qué” solamente serán respondidos cuando todo haya pasado, entonces si es así lo mejor es que puedes intentar más bien contestar los “para qué”. Estos quizá te den más elementos para asumir la vida de otro modo.
Los “para qué” te pueden ayudar a entender ¡que  lo mejor está por venir en tu vida! aunque todo parezca que no, aunque todo diga lo contrario. “Lo mejor de tu vida; aún no ha pasado, no ha ocurrido”. Reza el viejo adagio: “Después de la tormenta viene la calma” pero  será una calma más provechosa y más fecunda de la vivida   anteriormente.
  • Hay que darle tiempo al tiempo.

 “Hay tiempo para todo” (Ecle 3,6)  “Todo a su tiempo” hay que vivir el proceso de punta a punta. Por más que intentes saltarte alguna etapa no puedes lograr tu cometido ya.  Si te forzas a que suceda desaprovecharás la oportunidad que se te ha brindado. Tan pronto vuelva la crisis  más duro será su ataque. Te tirará contra el piso con más fuerza.
  • El sentido de la vida.

La crisis  lleva a una pregunta que siempre está latente ¿cuál es el sentido de la vida?
No sé qué es primero si la crisis  lleva a preguntar sobre el sentido de la vida, o el buscar el sentido de la vida lleva a la crisis. A mi modo de ver las cosas puede ser la una o la otra y sin sonar simplista pueden ser  juntas a la vez.
Muchos dicen al sentirse en esa sensación de caída al abismo,  “mi vida no vale nada”, “ya no tengo para qué vivir”, “¿qué sentido tiene todo lo que he hecho?” “soy una miseria humana” “me siento un ser despreciable” “no sé qué voy a hacer con mi vida”
Muchos  han puesto la razón de su existir en lo que hacen, en las relaciones que tienen, en sus metas y en su trabajo, en  ideales, en la búsqueda del éxito y por desgracia a veces en sus miedos también.
Pero cuando se va avanzando a lo largo de la vida se encuentra que todo esto no da sentido, hay hartazgo, decepción, vacío, soledad, sinsabor, se queda con la sensación del “nos falta algo”
Se hizo una cantidad de cosas; trabajos, labores, tareas, metas; pero ninguna parece que responde al sentido del para qué estamos. Quizá sentimos un regocijo y un placer por algo alcanzado, una frustración ante el fracaso, tal vez un miedo terrible al sentir el abandono y el rechazo.
Se gasta la vida buscando tener, gozar, mandar y pese a conseguir algo de todo eso, se quiere  por un instante sentir un momento de gozo y paz plena que sea eterna.
En lo profundo de tu  ser hay algo que te arrebata a la búsqueda de sentido de tu vida. El sólo hecho de existir  catapulta a buscar algo. En nuestro ser sin que  se lo  cuestione o  se lo haga explicito con pensamientos o palabras existe ya la búsqueda del sentido de la vida.
Desde el mismo instante de la concepción  ya  se está buscando existir para o por algún motivo.  En el encuentro contigo mismo puedes encontrar ese sentido; “el sentido de la vida”.
Pero ese sentido está y  no está. Está en cuanto que ya está puesto en el interior porque el mismo creador al hacernos a imagen suya  dio el sentido de existir. Pero Dios también nos hizo semejantes a él, será el todavía no de la búsqueda, por tanto, dicho sentido de existir sólo será pleno cuando nos fundamos en una fruición de amor en su regazo.
Todos tenemos en el ser el sentido de existir; nuestra existencia lo demuestra pero estamos constantemente catapultados a encontrarnos con el sentido pleno del que nos creó.
Hagas lo que hagas, busques lo que busques, sea donde sea; sólo en Dios encontrarás la plenitud y el sentido de la vida.
Por tanto el hombre siempre estará en búsqueda del sentido de su vida pero si lo deposita en el tener, hacer o gustar; su búsqueda  será torpe y desubicada. Si se lo busca en la creación seremos seres sin nada aunque se tenga todo.
Ante cualquier tormenta y arrebato de la vida, te quedarás sin para dónde ir. Cuando todo falle, cuando todo se oscurezca, todo será sin sentido y no porque la vida no tenga sentido sino porque  se ha buscado el sentido de la vida  en el lugar equivocado.
Qué gran discernimiento se tiene  que hacer para mirar si se está buscando el sentido de la vida en lo que nos rodea, de ahí que Jesús  advirtiera: “de que le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida para la eternidad” (Marc 8,36). Con el discernimiento puedes asumir tu postura frente al mundo para apropiarte de él, evitando que sea él el que se apropie de ti.
  • Poner los pies en la tierra.


Al enunciar todo lo anterior  puede quedar la sensación de que entonces ¿cuál es la actitud que se debe tener para lo que nos rodea? La crisis  quieras o no es la mejor oportunidad para poner los pies sobre la tierra y determinar cómo estás  frente a todo. Puede ser que incluso buscando acercarte a Dios, te has alejado de tus hermanos y tu realidad concreta donde Dios te puso. Es posible que hayas caído en un “fugax mundi”, o sea, en un alejamiento del entorno que Dios te dio para santificarte y santificar, con la crisis Dios te está diciendo, “ese no es el camino no estás haciendo el cumplimiento de mi voluntad”

Tarea de la semana:

1. Recuerda tus crisis y mira qué te ocurrió; esto te ayudará para que cuando tengas nuevamente alguna, ya sepas de donde puedes agarrarte.

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