Para muchos de nosotros la muerte nos asusta y produce desazón. Si hay un miedo aterrador a la hermana muerte podría ser porque aún no hemos contemplado el rostro de quien la venció.
Para todos los que han
venido leyendo uno a uno los artículos que he venido escribiendo los últimos dos
años darán razón que he escrito de todas las religiones y sus espiritualidades;
hoy quiero hacerlo desde el cristianismo. Lo haré no desde lo mediático que
puede llegar a sonar el nombre de Jesucristo para algunos que lo toman como
caballito de batalla para justificar sus ideologías y tendencias ya sea para a
favor o en contra de algunos postulados.
Jesucristo quien vence la
muerte. Quizá uno de los elementos que más me llaman la atención es Jesucristo
que vence la muerte porque él es la vida. Pero lo hace desde el amor y por el
amor. Si desde antes, la muerte tenía poder sobre la creación fruto de la
desobediencia del hombre y la mujer, en Jesús la muerte pasa a ser la hermana
muerte. Si la muerte es signo de tragedia y fin en Jesucristo la muerte se
convierte en puerta. La muerte ha sido vencida.
Para muchos de nosotros
la muerte nos asusta y produce desazón. Si
hay un miedo aterrador a la hermana muerte podría ser porque aún no hemos
contemplado el rostro de quien la venció. Hay personas que no
quieren que se les hable de la muerte e incluso
les molesta su sola mención para sí mismos de ella. ¿Qué me podría preguntar
a sí mismo acerca de ella?
Si la muerte es puerta
para la vida eterna, qué tanto vivo mi vida en la vida presente. ¿Vivo mi vida
para la vida eterna haciendo presente el cielo acá en la tierra en la forma
como la vivo? Y te preguntarás como puedes vivir el cielo acá en la tierra,
mira cómo vivió Jesús. ¿Qué hacía? ¿Cuáles eran sus actitudes, sus pensamientos;
cómo los reflejaba en su vida cotidiana? Él que era Dios hecho hombre, vivió
como hombre en toda la dimensión de la palabra. Trabajó, sufrió, fue a fiestas, pescó, comió, bailó, gozó de
banquetes, sufrió ante el rechazo, la
burla, la negación, la traición, el abandono de sus amigos, pero nunca dejo de
ser él. Siempre fiel al amor y a la voluntad de su Padre. Nunca se puso de víctima
aunque fue víctima. Siempre lo movía el
amor y el servicio. Siempre habló desde la verdad y la verdad lo llevó a vencer
la muerte con su misma muerte.
Hoy es necesario que te
preguntes ¿Quién es tu punto de referencia para vivir acá en la tierra el
cielo? ¿A quién admiras? ¿Quién te llama
e invita a ser tu mejor versión? ¿A tu oído quién te habla? ¿Quién es tu consejero? Grave problema cuando
yo mismo desde mi egocentrismo y egoísmo me asumo como mi consejero. Cuando
vivo a través de redes sociales contando mis desventuras y desgracias,
agrediendo a otros para sentirme vivo y “que pobrecito yo”. Jesús el de Nazaret,
Jesucristo el resucitado hoy te quiere hablar e invitarte a salir de ese camino
de queja, desgano y llanto y unirte a él que es el refugio donde todos los que
están cansados y agobiados pueden descansar.
Una familia que hace poco
tiempo pasó por el asesinato de un pariente suyo llamado César Augusto Ramos
Bueno en su proceso natural de duelo por la partida de su hermano llegaron a la
conclusión que de ahora en adelante vivirían como vivió él. Un ser humano lleno
de amor y servicio. Según me contaba una de sus
hermanas y que con su autorización escribo estas líneas sobre Augusto; “siempre
estaba atento a nuestros requerimientos, en todo momento vivía para servir”. “su vida siempre fue manifestación de amor,
ternura y servicio constante.” “vivía desde el amor y para el amor”.
Si hoy fuera tus últimos días, ¿qué podrías revisar a lo que le has dedicado el tiempo mientras has vivido? ¿A
cuántos has odiado y aunque tengas razón de hacerlo; de qué ha servido? ¿Tu energía
vital a qué la dedicas? ¿de cuántos te has burlado y pisoteado? ¿a cuántos has
violentado con tus palabras y pensamientos? ¿Quién o qué es tu cielo? ¡Qué
pobreza la nuestra cuando nuestra riqueza son las cosas! ¡Qué desgracia de vida
cuando te la pasas sin hacer nada para ser un pobre esperando que todo te caiga
del estado, de la familia de los demás y todo para seguir quejándote de “pobrecito
yo”.
Estás acá en la tierra
para ser tu mejor versión de sí mismo siendo rico, rico de cosas pero no para
que eso te de sentido de vida sino para con eso servir a la humanidad, ser pobre
no es bueno, pero si es bueno ser pobre de apegos. Bienaventurados los pobres porque ellos verán
a Dios. ¿Qué quieres que esté escrito en tu epitafio de la tumba donde queden
tus restos mortales? ¿Qué estás haciendo hoy para que eso se escriba con tinta
de vida?
Hoy te digo en el Nombre
de Jesús; te doy lo único que tengo; toma tu camilla y levántate.
¿Hoy estas dispuesto a
mirar al que colgó de la cruz para vencer la muerte y así puedas vivir la vida
desde la vida? ¿Cuéntame como lo estás haciendo?
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