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¿Cuál es mi misión de vida?

Para poder captar y entender cuál es mi misión de vida tengo que partir del significado de la palabra misión. Ésta  indica tarea a cumplir, cumplir un encargo que alguien propone. la RAE (Real Academia Española) lo define como "Poder que se da a alguien para realizar o desempeñar algún cometido" A esto se le llama en la espiritualidad Cristiana vivir la voluntad de Dios. ¿Y cómo se vive la voluntad de Dios? Para esto hay que partir de unos presupuestos claros y de fe muy necesarios: 
  • Creer que somos hijos de Dios creados a su imagen y semejanza.
  • Creer que para lograr la felicidad y la plenitud es muy necesario vivir lo que Dios soñó en nosotros. 

De éstos dos presupuestos se desprende que hacer la voluntad de Dios es vivir lo que Dios soñó. Si  Dios sueña en ti entonces tu puedes soñar; pero la clase de sueños que tengas será en  orden a lo que Dios haya soñado. Conozco gente  que le  suena incomodo este aspecto, pues afirman que ¿por qué tienes que hacer algo que no quieres? Lastimosamente si olvidas que eres creatura que vienes de un  “Creador” nada te podrá hacer entender esta realidad tan cierta. En la medida que hagas realidad el sueño de Dios en  ti, tus sueños se hacen prácticos y viables, y  para saber que soñó El en ti, debes descalzarte y desnudarte primero.

Tú le puedes preguntar a Dios muchas veces que sueña en ti, pero solamente él te responderá cuando  realmente te hayas encontrado contigo mismo. Cuando  hayas hecho una interiorización de tu realidad.  Dios te responderá sólo cuando  te hayas  escuchado.

Cuando tú seas  honesto y transparente contigo mismo en lo que tienes y eres puedes empezar a soñar de verdad, porque esa honestidad es la plataforma que necesita todo sueño. Si  sueñas ser un gran atleta pero tu organismo no  tiene esas cualidades fundamentales y necesarias, irás de cabeza hacia el fracaso. Por tanto tú tienes que enfocarte y soñar según los talentos que tienes. Los recursos que externamente se necesitan para alcanzar ese sueño deben ser encaminados a alcanzarlos e ir apropiándolos rápido pero procesualmente. Porque volviendo al mismo ejemplo del atleta; si se es un buen atleta y tiene las condiciones físicas para lograrlo eso no quita que no  tengas que entrenarte con  disciplina, que tengas que evitar ciertos ambientes y momentos que para cualquier otra persona lo sería.

Entonces se sueña desde la realidad; ¿cuál realidad? desde lo que eres y tienes. De ser creatura con talentos y potencialidades listas para aprender y desaprender, explorar y explotar.

Si no eres honesto contigo mismo todas las puertas que toques para alcanzar tu sueño se cerrarán. Tú tocarás para que te abran pero Dios no te las abrirá. Puedes usar mil artimañas para abrirlas hasta intentar derribarlas y es posible que lo hagas pero tarde que temprano te expulsarán de ahí. Esa quizá es la puerta por donde debes entrar, pero como no has sido honesto y transparente te patearan. Puedo decir que Dios cierra y abre puertas, si las puertas que tocas no se abren es una oportunidad para que te preguntes ¿Para qué  sucede esto? Quizá Dios te  está dejando que toques y toques  y no permite que se abran porque no tienes aún la suficiente preparación y honestidad para seguir viviendo ese sueño. A muchos le molesta que a otros si se le abran las puertas y siendo “menos preparados, estudiados, buenas personas que ellos”, pero acaso ¿tú sabes que ha soñado Dios con ese otro?

Dios ¿que sueña contigo?  Dios sueña para ti plenitud. Sueña comunicarte su espíritu. Dios sueña habitar plenamente en ti, por eso nuestros  sueños deben ser el estar unidos a él realizando la administración de su creación. Dejar que Dios habite en  ti es poner en marcha el don que has recibido y has trabajado en el  ayudar a los demás. Habrá momentos en que esa  habitación  te haga disfrutar íntimamente de ese buen Dios, esa paz y tranquilidad gozosa de estar en  armonía indescriptible de su presencia. Pero de inmediato esa misma habitación de Dios te hace empezar a  vivir el sueño que se traduce en  amor a la humanidad en el servicio.

En orden a lo laboral, si sueñas ser médico; será para servir a los demás. No porque ganes poco a mucho dinero, sino para sanar el dolor, “para salvar vidas”. Cuando el médico o cualquier otro profesional en cualquier orden se dedican a no servir, su sueño se convierte en pesadilla, hace de lo que Dios soñó en él una tragedia.

Conseguirá grandes ganancias monetarias a costa de su sueño supuestamente realizado, tendrá todo y no tendrá nada porque si es honesto y revisa su interior tuvo que pasar por encima de muchos, de no atender a muchos, tuvo que ser elitista, puso su don en función del dinero o del poder. Dejó de servir para buscar ser servido. Pero no sólo en lo profesional también en lo afectivo, tienes  una vocación que se puede dar en el llamado a compartir con una persona los días y años, o la vida consagrada  etc. pero si lo que haces no lo haces desde lo que Dios ha soñado para ti, ese sueño se convertirá en tragedia total. Si te casas no desde eso que Dios ha soñado, o desde esa persona que Dios ha soñado para ti, entonces tu matrimonio está determinado para la tragedia. Puede sonar risible en cuanto que ¿Dios es el que nos busca pareja? Pues tengo que expresar mi punto de vista acá y claro está sólo es eso; mi visión. Yo creo que sí. Dios nos ha pensado desde siempre junto a alguien, otra cosa es que yo sea arrebatado o llevado por la locura de mis feromonas a juntarte con el primero o primera que aparezca; escoger pareja es algo tan hermosamente misterioso que para poder vivirlo sólo se debe hacerse desde ese mismo misterio en lo que Dios ha pensado para ti. Si te casas para satisfacer  deseos y no me refiero solo a los carnales sino a los de cualquier índole, después no te quejes en la medida en que esa persona con la que estás  te explote o terminé mandándote a  la basura.

Pueden parecer duras estas palabras pero si se fuera más cuidadoso en la elección de la pareja y lo hicieras en intimidad con Dios y desde Dios no tendrías tanta tragedia afectiva. Cuántas palabras de tus padres cuando te decían que tal persona no te convenía; por desgracia  en la mayoría de los casos al paso de los años se hicieron tan duramente ciertas.  Pero también puede ser que  la persona con la que estas en este momento sea la persona que Dios tenía soñado para ti, pero el demonio ha ido destruyendo tu sueño y el sueño de Dios en los dos. Son una sola carne y por lo tanto esa misma unidad debe ser revisada desde la descalces,  una  que exija la de los dos.

Por tanto, el pecado siempre será negar lo que dios Soñó  en ti. Si tú dejas de soñar  entonces es porque el pecado se apoderó de ti. Si  no estás alcanzando tus sueños puede ser que te hayas dejado llevar por el pecado.  Si tú dices constantemente a todo; eso es muy “difícil” es  una prueba fehaciente que tu relación con el absoluto esté en términos regulares. De ahí que la reconciliación no es meramente algo  moral, dejar de hacer cosas “malas” de nada sirve  si no replanteas tus sueños. En la medida en que  organices tu  vida y en ella tus sueños,  tu conversión se dará. La conversión es volver al camino que Dios soñó para ti. Reconciliarnos con Dios es permitir que el sane nuestras heridas y nuestros sueños rotos. Es perdonarte  a  ti mismo si has desdibujado el sueño de Dios, puedes decir que con la reconciliación puedes reencaminarte en tus sueños. Reconciliarte con Dios es aceptar y asumir las consecuencias que no has vivido lo que Dios soñó en ti  pero a la vez ponerte en marcha a la casa del Padre. Y si ya estás entrado en años ¿tus sueños se podrán lograr? Nunca es tarde para recomenzar. Pero ahora son sueños con lo que tienes  y estás a la altura de la vida en la que te  encuentras.

El soñar te exige apasionarte pero el hacerlo no es esclavizarte. Cuando te esclavizas en tu sueño y por tu sueño ya el sueño se está desdibujando. Tienes  que descalzarte y reevaluar la situación.


Cuando no se sueña en  y desde lo que eres terminas viviendo corroído por la envidia. La envidia es una emoción que  en cuanto tal sirve para autopreguntarse en donde va el sueño de vida. Esta siempre surge de deseos insatisfechos y son insatisfechos porque se han alcanzado. Lamentablemente la envidia la canalizamos mal y se convierte en una tragedia. De ahí que el envidioso nunca se ha dado a la tarea de soñar. No se ha aprestado en construir desde sí mismo desde lo que tiene y es. Como tal siempre vivirá pendiente de los avances del otro. No se ha plantado en lo que tiene para  conseguir el sueño que quiere. La envidia como emoción natural que brota de ti mismo aparece en cualquier esquina de la vida, toma y carcome si la dejamos hacer casa en nuestro interior, tan pronto llega  hay que reconocerla como una emoción  y conversar con tu intimidad y cuestionarte que es lo que está sucediendo. No es dialogar con la envidia, sino que aprovechando la movilización que esta hace en nuestra interior ver en dónde estás ubicado frente a tu sueño, qué has hecho para lograrlo. Pero la pregunta qué más te debes hacer es: ¿realmente estoy viviendo el sueño de Dios?

Dios constantemente  te desistala de  acomodamientos, lo hace porque sabe que en la medida en que te acomodes, harás de esa realidad tu dios. Nosotros necesitamos ser desistalados constantemente; la misma dinámica de la vida siempre  lleva a eso. El aburrimiento es una señal clara del estar instalados, de no vivir el sueño de la vida, de haberte frenado. Entre más te acomodes y te instales la vida se vuelve  rutinaria y tediosa. Aquel que piense que la vida es comodidad está equivocado. La vida no es comodidad, la vida siempre es movimiento, es estar en marcha. La vida está bañada de la incertidumbre. La vida no es certeza total. No puedo pensar que tengo algo seguro, porque lo único seguro, lo único cierto es que estoy caminando. Lo único cierto es la incertidumbre. El mañana es incierto pero real. Lo único cierto es que tengo que caminar hoy para mañana. Por eso los sueños siempre hay que hacerlos hoy para que mañana se den, aun sabiendo que el mañana no está y que ese mañana va a ser totalmente distinto a como se piensa hoy. Puedes planificar para mañana pero lo haces desde hoy, si bien es cierto lo realizas  para mañana, el momento en el que lo haces es hoy. Lo que salga mañana será en gran medida de lo que planifiques hoy, pero nada, absolutamente nada me garantiza que sea como  lo planificaste. Será mejor si lo haces desde lo que Dios sonó para ti.  Lo único cierto es que camino. No es vivir en actitud pesimista o negativa frente al mañana, sino es vivir en actitud de apertura positiva a lo que se vive hoy pero abierto en esperanza a lo que vendrá mañana. El desespero es vivir en actitud negativa de transcendencia. El que se ha desesperado puede darse a la tarea de revisar si perdió la vista en el horizonte de la transcendencia y cayó en el abismo del sinsentido. Vivir en el desespero es vivir sin fe, vivir en actitud positiva es vivir en  fe, es decir sí incluso al sinsentido y a la culpa de no realizar los sueños y planes.  Vivir en fe es decirle al sí del “hágase en mí según tu voluntad”


Aquel que viva la vida creyendo estar viviendo su misión buscando no tener problemas o pensando que no tiene problemas está en una tragedia de vida porque ya el hecho de existir es un problema. No es que la vida sea un problema, sino que al vivir se pone en marcha la libertad y libertad es toma de opciones manifestadas en decisiones en cada  momento y al tomarlas te ves abocado a tomar un rumbo y tomar un rumbo es dejar de tomar otro, eso es un problema. Aquel que diga que no tiene problemas ya tiene un problema: ¡No tiene problemas! No está ejerciendo su libertad y los demás están ejerciendo su libertad en él. Y no hay problema más grave que otros decidan por uno siendo ya adulto. La vida es un problema a resolver constantemente. Aquel que le tenga miedo a los problemas le tiene miedo a vivir la vida. No vive, se encapsula en rabias, odios, venganzas y siempre se hará y buscará que lo vean como la víctima. Si te pones en la tarea de no tener problemas estás negando tu dinamismo existencial y por tanto nunca tendrás paz porque  la paz no es no tener problemas. La paz es vivir en la solución de los problemas que trae consigo tu sueño. La paz no es quietud. La paz es la tranquilidad de vivir la vida, es el sosiego de enfrentarla. La paz es vivir la vida con sus retos. La paz es vivir el sueño que Dios soñó para ti. La paz y la tranquilidad son el gozo de vivir tu sueño realizándose hoy. Tu interior tiene que estar ordenado para asumir los problemas como deben ser, por eso estar ordenando es vivir en armonía con tu sueño. Ahora; tienes que revisar si los problemas que tienes, si las cosas que hay en tu maleta de viaje son realmente los problemas de tu sueño. O son problemas-cruces que no son los que realmente tienes que vivir y caminar, sino que son problemas-cruces que te has cargado y echado encima pero que nada tienen  que ver con tu sueño. De ahí la importancia de revisar los problemas que llevas en tu maleta de viaje. Quizá te has cargado con problemas para no asumir realmente los que tienes que cargar y por eso nunca tienes paz y vives excusándote y odiando los problemas que tienes.


Cuando realizas tu sueño haciendo la voluntad de Dios tarde que temprano se te exigirá por la misma opción que tomaste sufrir. Me refiero al sufrimiento del ser coherente con lo que quieres, piensas, sientes, en resumidas cuentas con lo que eres. Tanto más te empeñes en vivir tu sueño, más coherencia debes tener en tu vida. Esta vivencia traerá en algunos momentos renuncia de sí mismo. Morir a tus deseos, morir a la tentación de hacerlo así. Incluso se llega el momento de pensar que Dios te abandonó y quedaste sólo y tirado por el piso. Este sufrimiento te debe hacer revisar  y evaluar tu sueño. No hay que tomar decisiones  torpemente  pero si hacer un discernimiento sobre lo que se está viviendo y hacer este proceso es vivir enfrentando y asumiendo los problemas. Hacerlo no es “un rumiar ideas” que tan sólo generará un desgaste existencial sin sentido. La actitud que más ayuda es el abandono. El poner en las manos de Dios todo lo que se está viviendo. Cuando la situación es compleja es  recomendable hacer el proceso de abandono todos los días; incluso hay momentos que hasta dos o más veces en el transcurso de una mañana, porque nuestra necedad en ocasiones es tan grande que le entregamos a Dios lo que nos está ocurriendo y a los diez minutos  ya se lo hemos quitado de sus manos y volvemos a “rumiar”. Este sufrimiento es purificador. Limpia el corazón de todo aquello que se haya ido pegando y dañando tu sueño. No importa si el sufrimiento que se está viviendo sea debido a tus malas o buenas decisiones o a la influencia de  factores externos.  Este siempre ayuda a fortalecer tu interior. No es sufrir por sufrir, estoy hablando del sufrimiento inevitable fruto de  decisiones y opciones de vida. El que busca sufrir por sufrir está viviendo en la excusa de no asumir la vida real que tiene.



El sufrimiento siempre es salvífico ya sea merecido o inmerecido. En nuestra sociedad nadie quiere hablar del sufrimiento, pero éste está en cualquier esquina. No hay que buscarlo, el buscar sufrir siempre será fruto de sueños erróneos, pero si hay que enfrentarlo con entereza cuando llegué; si aprovechas el sufrimiento, tu ser se encamina si o si hacia la búsqueda de tu sueño.

Jesús en el huerto de los olivos sufre. Lo hace como  fruto de su sueño. Y su sueño siempre fue hacer la voluntad de Dios. El Padre asume salvar a su creación y entrega a su propio hijo a morir en la cruz. El Padre también sufre. 

“Salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos; y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo: "Oren, para no caer en la tentación". Él se aparta de ellos, alejándose como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba diciendo: "Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya". Y se le apareció un ángel del cielo que lo animaba. En medio de su angustia, oraba con más insistencia. Y le bajaba el sudor a goterones, como de sangre, hasta el suelo. Y levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la pena, y les dijo:"¿Por qué duermen? Levántense y oren, para no caer en la tentación" .Lc. 22, (39-46) 
 Dice la palabra de Dios que Jesús salió “como de costumbre”.  Jesús es un orante ya tiene intimidad con su Padre. No es el momento el que lo lleva a hacer oración sino que en todo momento ha hecho oración. El hecho que oremos no quiere decir que no vayamos a  tener sufrimiento, la oración será para no caer en la tentación siempre latente de abandonar el sueño de Dios en nosotros.  Jesús se aparta, toma distancia.  Orar exige intimidad, Jesús cuando se relaciona con su Padre lo hace en la forma en que sólo ellos la conocen y la viven.


Nadie puede entrar entre tu intimidad y la de Dios. Cada cual vive su  “intimidad” con Dios. Esa distancia es necesaria porque se mira lo que se está viviendo con otros ojos, con ojos divinos.  >Jesús  cae de rodillas<  este punto es crucial. No podemos asumir nuestra vida sin habernos sentido primero creaturas, si el mismo hijo de Dios se pone de rodillas; ¿no es bueno que lo hagamos también nosotros? Esta actitud es básica en aquel que se dispone a dialogar con Dios, cuando el sufrimiento golpea la puerta, cuando se avecina o se está en una gran tormenta, estar de rodillas es asumirse necesitado y en humildad. >Jesús dice<  En la oración hay que expresar, hay que hacer verbo lo que se está viviendo, psicológicamente es una actitud muy relevante que hace dilucidar lo que se vive. Es que Dios también escucha, así como pide que lo escuchemos el escucha también.

>Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz< primero Jesús se reconoce ante su interlocutor, le dice >Padre< o sea, se sabe Hijo. No reniega de lo que es frente a lo que está viviendo, desde el principio se deja ver cómo va a ser su actitud final. Pero dice; >si quieres<. Es la actitud de respeto y humildad, es dejar libre al otro. Es dejar que Dios sea Dios. Pero eso no quita que Jesús  no exprese todo lo que está  viviendo y lo que según su criterio y discernimiento puede desearía fuera,  pues él siendo “el camino, la verdad y la vida” cómo podría saberse abocado a la muerte” quiere evitarla porque tiene miedo y zozobra. Pero hay un pero, este muestra a  Jesús en total disponibilidad y aceptación; ésta se verá reflejada en lo que asume hasta el momento en que esté colgado en la Cruz >pero que no se haga mi voluntad sino la tuya< Es claro. Tiene miedo, tiene zozobra, reconoce a su Padre, expresa lo que siente. Pero termina muriendo a su miedo y a su criterio para que el sueño de Dios se haga en él. Lo hará tan así; que colgado en la cruz confiando en que se está haciendo la voluntad del Padre y que él no lo abandonará y aunque sabe se hunde en el abismo de la muerte,  termina diciendo: >En tus manos encomiendo mi Espíritu<  Todo se da en la actitud de abandono en el “Hágase”. Ese mismo “hágase” de su madre frente al Ángel.

>Un ángel se acerca y lo consuela< Dios no nos deja a pie descalzo, Dios no abandona a los suyos porque él  siempre es fiel. Le da una compañía para asumir el trago amargo que se le viene encima. Dios siempre consuela y ayuda a llevar lo que se está viviendo. Dios siempre nos ayuda a llevar nuestro sueño o el fracaso del mismo. >Y en medio de esa angustia oraba con más insistencia< Jesús a pesar de haberse abandonado,  la angustia lo sigue consumiendo, y no cualquier angustia, la angustia de la muerte. El dolor, la tristeza, la soledad, el miedo, el fracaso al sueño que él tenía “construir el reino de su Padre” pero él oraba con mayor insistencia. ¿Su Padre no lo escucho? Sí, pero lo hizo  en su voluntad, rescató a la humanidad a través de la muerte de su hijo, y a su hijo le dio el nombre sobre todo nombre, por eso al nombre de Jesús toda rodilla se doble…(Filip 2.9)

Termina el texto como lo que empezó; Oren para no caer  en la tentación, cosa que Pedro y  los demás apóstoles no  entendieron y eso que ya tres veces les había anunciado su Pasión y muerte. Igual terminaron yéndose y lo abandonaron. Huyeron de la voluntad de Dios sobre su hijo. Nuestro sueño también exige orar para no caer en la tentación de abandonarlo. Oremos para abandonarnos en las manos de Dios. Pero ¿qué es oración? Veamos un poco más.

¿Qué es la  Oración


Para conocer y asumir la misión de vida es necesario vivir la oración. Esta  es un encuentro que nos lleva a hacer real nuestra relación con el absoluto. Es tan intrínseca a la humanidad que aparece en todas las culturas y en todas las religiones. Se manifiesta de mil maneras  dependiendo de quien la realice.

Hay gran cantidad de maestros de oración muchos nos aportan elementos enriquecedores en la manera como nos acercamos a Dios, pero cada cual puede y debe hacer  la experiencia de Dios de una manera distinta  puesto que cada cual es un misterio de Dios.


No estoy diciendo que solamente sea válida la oración que realiza una sola persona, sino  más bien estoy afirmando que la oración se da desde la intimidad del corazón de cada uno; después, la oración comunitaria será la que ponga en comunión  todas las oraciones personales.

La oración es ante todo un encuentro. Nuevamente seguiré al monje Benedictino Anselm Grum.

·        LA ORACIÓN COMO ENCUENTRO.

La oración parte inicialmente como un encuentro personal contigo mismo. De ahí que el intimar, el bucear en tu misterio es hacer oración. Tan pronto hagamos encuentro con nuestro misterio quedamos catapultados en encuentro con el absoluto.

Para que haya un verdadero encuentro con Dios, es menester que te hayas encontrado contigo mismo.

Ese encuentro permite: Diálogos, silencios, esperas, puestas en marcha, discernimientos, descansos, saciedad al corazón, luchas, discusiones, propuestas, peticiones, marchas atrás, giros en tu actuar, sanación, perdón, búsquedas, hallazgos, certezas, fe, amor.

La oración como encuentro hace que tu vida sea un caminar constante en la búsqueda de tu sueño. En la oración recibes el consuelo de Dios frente al cansancio del camino y del enfrentar los problemas cotidianos. La oración es el lugar y momento de tu vida en donde te encuentras contigo mismo.

La oración es la vida hecha conciencia. Es el tiempo hecho  consciente. Si bien es cierto puedes hacer todo como oración; si quieres hacer  oración;  es bueno suspender todo y permitir el silencio.


La oración tiene rezo, puedes y debes rezar para sentir que estás en contacto con el Absoluto, el rezo te ayuda a disponernos para el encuentro. El rezo es una realidad intrínseca al lenguaje pues la acción de ir repitiendo hace que el ser humano vaya entrando en un ambiente de intimidad, no se le puede quitar al rezo, el rezo es una acción repetitiva que permite y ayuda a apaciguar el sinnúmero de pensamientos que abordan y atiborran. Si el rezo es hecho con todo lo que tiene, en una concentración de las palabras y el misterio que se está repitiendo es profundamente asertivo para iniciar un encuentro personal.

La oración no es huida de la realidad, pero si ésta no te impulsa al encuentro con el otro  es quizá un llamado de atención a revisar tu intimidad contigo y con Dios. Puede ser que estés escondiéndote en una “seudooración” para no asumir tu vida en serio. Quiero decir esto con mucha delicadeza pero es posible que tu oración se un tanto falsa revísala porque si no  será una oración de palabras y no con el corazón. (Mt 15,8)

La oración es permitir a tu Espíritu que se entrelace en un abrazo festivo con el amado. Es permitir que el deseo de absoluto se haga realidad.

La oración es ser tú más “tú mismo”.

La oración radica su fuerza en los deseos. No me estoy refiriendo a si te nace o no hacer oración, sino a ese deseo profundo que te lleva a unirte con el Absoluto. Antes de continuar con la oración veamos un poco de este deseo.

·        La oración calma el Deseo de absoluto.


El deseo del absoluto, es el mismo Espíritu de Dios que clama dentro de nosotros, Abba (Padre) (Gal 4,6) Dios al habitar en nosotros, nos hace tender hacia él.  Hace que todo lo que hay en tu interior vuele a sus brazos, a alcanzar y vivir tu sueño. Pero se torna tan complejo volar ¡cuando lo que se tiene son alas de gallina y el deseo de las alturas es tan fuerte!

Es ese deseo de Dios el que te hace buscar la plenitud constantemente, te hace correr en busca de la felicidad, de un momento de sosiego, pero a veces nada que llega.  Es un deseo de plenitud que no se sosiega con nada, se corre, se busca.  La curiosidad hermana del deseo por el Absoluto te hace sumergirte en realidades a veces tan profundas  pero a la  vez también en banalidades. La ciencia, el conocimiento, las religiones, el arte, la música, etc. son el deseo profundo de darle plenitud a la vida, pero todas éstas son creaturas. No calman el deseo de plenitud.

Siempre que busques en las creaturas tu plenitud, terminarás esclavizado por ellas. El Génesis narra a un Dios que le da al hombre autoridad sobre las cosas, le otorga el don y la tarea de llevar la creación a la plenitud que  el hombre  ya tenía en sí mismo estando junto a Dios  en el Edén.

El hombre  y la mujer en desobediencia a Dios no quisieron aceptar los límites que Dios había trazado para él y la creación. Terminó siendo esclavizado por la creatura y a merced de ella. Su responsabilidad se convierte ahora en una tragedia. Su convivencia con la naturaleza ahora riñen. Pero aun así su deseo de plenitud   persiste por ser hijo de Dios creado a su imagen y semejanza.

Pero ahora  herido por el pecado ese deseo muchas veces no es tan claro y se pierde con facilidad en lo que lo rodea.  Busca y rebusca la plenitud pero no le es tan fácil alcanzarla porque hay mucho barullo en su interior y no sabe cómo orientar ese deseo que cada día es más fuerte.

Cuando intimas contigo mismo  ese deseo que está latente en ti te aproxima  a encontrarte con ese Dios, hace que tu alma quiera volar a sus brazos, hace que el cielo se haga en la tierra, adelantas la eternidad para el hoy, empiezas a vivir el cielo en la tierra.

El deseo de Dios y esa hambre de plenitud hoy están más que nunca latente en la humanidad. Se podrá correr por todos lados buscándola  pero la manera más rápida de alimentarla es encontrándote contigo mismo. Es orar. Permitirás con la espera que Dios lo satisfaga, como reza los salmos: “Mi alma está sedienta de Ti, Señor Dios mío”. (Salmo 63.1), “Como busca la sierva torrentes de agua, así mi alma te busca a ti ¡Oh Dios mío!”. (Salmo 42.1)

Intimar te da la posibilidad de encauzar ese deseo de absoluto. Intimar te abre a tu mismo misterio y te abre al misterio del absoluto.

Para poder lograr un abandono, para poder vivir la descalces en plenitud es necesario la  oración.         Entonces la oración es un estar no un hacer. La oración como encuentro, como buen encuentro humano no es para hacer cosas. Cuando haces de tus encuentros una oportunidad para realizar sólo actividades pero sin dejar que lo que eres se entrelace con quien te encuentras  tus relaciones se convierten en utilitarismos y satisfacción de necesidades por eso; orar es estar ante el amado.


Tarea de la semana:

1. Qué tal tu oración? ¿como la vives?

2. ¿Ya descubriste la misión de tu vida?

3. ¿Cómo es tu relación con el absuluto?

4. ¿ Es necesario volverte a  atrever  a soñar?

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