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Nuestra debilidad, ¿Don o tragedia?

"Voy a utilizar una metáfora para que se pueda captar más facilmente lo que quiero decir acerca de lo que hay en nuestro interior y que muchas veces ni siquiera  entendemos y más aún la vivimos negando haciendo que no seamos lo que queremos ser y no estemos donde queremos estar"
Una vasija de barro tiene forma variada y lo es a capricho del alfarero, ésta siempre tienen un hueco o hendidura por donde se le vierte un contenido así siempre estará llena  y cumplirá su finalidad para la cual fue creada. Podemos compararnos a nosotros mismos de la misma manera, todos  estamos hechos así “somos hechos de barro”, somos frágiles pero a la vez fuertes porque podemos recibir en nosotros la fuerza y la presencia de Dios que nos llena.  Pero al igual que la vasija  necesita una hendidura para que le entre el líquido o cualquier otro material, a nosotros también  por algún lado tiene que entrar la presencia de Dios para que nos llene. Cavidad, vacío tal que fue moldeado por el creador para llenarnos de su presencia y sin el cual no podríamos nunca saciarnos de él, de su amor, de su plenitud para nosotros mismos y para los demás; a esa realidad, a esa cavidad la llamamos debilidad. 

Entonces tu debilidad es la manera con la cual te unes a Dios y te puedes llenar de él. No es un defecto. No es una carencia aunque si le obedeces  a los demonios esta misma se pueden convertir en pecado. Es la realidad más profunda que hay en ti para estar unido a él y sin la cual te creerías una vasija sin necesidad de ser llena.

Todos tenemos una cierta atracción hacia lo bello, lo hermoso, lo sano, una experiencia que nos dio el creador. Esta atracción nos moviliza para gozar y vivir plenamente nuestra realidad humana; más aún, pareciera que nuestra debilidad nos hace el oído más atento para escuchar la voz del amado.

Entonces nuestra debilidad es un don preciado de Dios para que nosotros captemos su voz y su amor. Es nuestra seguridad para que el eterno amado nos brinde su amor y protección. Es  realidad que seduce el corazón misericordioso de Dios, es nuestra seducción para el loco enamorado como lo dice Madre Teresa de Ávila, aquel quien ruega que me deje amar por él.

Cuando tu alma confía en tus propias fuerzas, cuando te apropias de tu debilidad; cuando en lugar de brindar esa boca de vasija al amado para que él la sature en amor divino y místico y  seas un recipiente tal que pareciera que ya no fueras tú.  El interior de tu vasija se va secando poco a poco y al final sólo queda polvareda. El demonio empieza a llenar tu vasija con su polvo destructivo, ya no es Dios que está en tu vasija sino es el demonio quien ha ganado espacio en ella.

Si es así puedes empezar a sentirte sin ganas de vivir, aburrido y solo, la alegría se te va yendo. Tu búsqueda se hace desesperante y empiezas a escudriñar fuentes, pero no cualquiera sino la que se adecue a lo que hay en ti, la boca de tu vasija buscará otras bocas ansiosas del amor  entrelazándote entre vasijas resecas. Lo harás con tanta fuerza intentando ser colmado de sus aguas; le harás tanta fuerza y golpearás tan duro que das  al punto en que tu vasija llega a desbocarse.

Ya no será aquella cavidad que Dios quiso  para llenarte de su amor total. Ahora tendrás un hueco más grande, deformado. La debilidad se convirtió en tragedia.

"Cuando te apropias de tu debilidad y no permites que sea el lugar por donde captes el amor y la misericordia de Dios, aparece el pecado."

Agregaré algo más a lo que enumeré acerca del pecado.  Este es el confiar en tus propias fuerzas, dejar de escuchar la melodía de la belleza que viene de la fuente del eterno amante.  Dejar de escuchar su voz que te  dice que confíes y no temas. Te haces tan dueño de tu debilidad que el agua que calma y da vida eterna deja de penetrarte; le pones tu mano  para taparla porque te hiciste dueño de ella y lo de Dios te parece absurdo e incomprensible;  puede ser que no lo entiendas, no captas su mensaje. Tienes oídos pero no escuchas, (Apocalipsis 3.) ojos pero no ves, o sea, el pecado no es algo exclusivamente moral, sino algo tan profundo que va en contra de tu misma vocación; ser hijos en unidad con Dios. El pecado es negar la realidad de ser hijos. Es el resultado de escuchar al demonio y creerle más a él que al mismo Dios.

Tu  vasija empieza a dar tumbos por todos lados; perdió su cordón umbilical, seguirás siendo la misma vasija pero poco a poco te vas deteriorando; además de vacía empieza a perder su belleza, su dulzura, su calidez, su color. Ya no brilla como antes, la vendes al mejor postor para que  la llene, pero ninguno la conoce como Dios. Ninguno sabe qué es lo que necesita; ni siquiera tu mismo, porque no te escuchas en intimidad. Has estado  ocupado en ordenarte con el desorden.     

A continuación de tu vida se va apoderando una oscuridad tan desastrosa, un desorden tal que te  hace insoportable vivir  contigo, te sientes asqueado de lo que eres.  Pero aunque te veas en la ruina y con todo desquebrajado, es posible que sigas en lo mismo. Lo haces una  y otra vez. El don de nuestra debilidad se  convierte en la desgracia y tragedia más horripilante que hayas tenido, no quieres ni puedes renunciar.

Pero como en ti está la fuerza del amado que sigue pululando y gimiendo como mujer con dolores de parto,  y aunque  cortes el cordón umbilical con Dios sigues teniendo ombligo. El amado sigue latiendo en esa vasija seca y desde el interior tu sed grita su nombre. La repugnancia te hace gritar ¡sálvame Señor que sin ti no puedo!
  
Quizá te haya pasado lo siguiente: entregas  tu pecado y pides perdón. El señor te empieza a limpiar, se compadece de ti, te recoge en el camino, cubre tus heridas con vino y aceite, te sube a su propio caballo y te lleva al hospedaje. (Lc 10. 30-37) Allí  empiezas a reponerte. La divinidad empieza nuevamente a hacer morada en ti. Te vas sintiendo con fuerzas y empiezas a decir: ahora si no  voy a caer otra vez. No me despegaré de mi señor. Debo ser distinto. Tengo fuerzas. Esa historia no la vuelvo a cometer. Aparece el superman que llevas por dentro. Escuchas nuevamente al demonio, te quitas las vendas sin haber sanado aún heridas, te vas del hospedaje.  Agarras la posta en tus manos; ¡igual  debes ser bueno; yo debería ser bueno! te obligas con una serie de normas y leyes externas debidas “al deber ser” y tomas tu debilidad otra vez en tu poder y ya sabes el resultado: desorden, soledad, frustración, amargura, pecado.

Te has preguntado ¿por qué esto o aquello? ¿por qué caes tan bajo? ¿ por qué tanta humillación, tanto desespero, tanto vacío interior, tanto miedo, tanto pecado, si has bebido del mismo cáliz de la salvación? Hoy el Señor te quiere responder para que te descalces y te entregues como eres. Le entregues lo que vives, y lo que haces. Lo que quisieras ser y lo que podrías ser. Todo absolutamente todo. Junto con eso; le entreguemos tu debilidad.  El Señor quiere tu debilidad. Sí, eso que te lleva a caer en todo lo que siempre vives y que quizá has descubierto de ti en éste viaje, es quizá la oportunidad de darte cuenta de que no puedes solo; es más, esa debilidad ese aguijón clavado en lo profundo de tu carne (2Cor 12,17)  puede ser tu riqueza más grande o tu condenación eterna. Por eso entreguela a él para que sea plenificada por él.



Dice el Señor:

“Dame lo que tienes para que yo pueda ser en ti. Dame tu ser entero y completo, ayer me diste tu pecado y te lo agradezco, hoy dame tu debilidad para que seamos los dos los que luchemos juntos. Si lo intentas sólo, sólo morirás, pero si dejas que sea YO el que la lleve en ti, seré Yo el que viva en ti totalmente. Así  tu rostro será mi rostro; tu cara será mi presencia; tu mirada será mi mirada. Tus ojos serán mis ojos. Tus manos serán mis manos. Tu cuerpo será mío. La dulzura de mi alma está lista para ti, quiero  llenar ese vacío que sientes todos los días y te hace buscar, un abrazo para calmarlo, un momento para sosegarte, un poder y un micrófono para que te adulen y sentirte que vales mucho… unas drogas para olvidar tu dolor, un amante, una amante, el frío del dinero. Dice Dios: no es así hijo mío. No te llamé para que te perdieras en el sinsentido de la vida, sino que te llame para que me anuncies, para que yo pueda ser conocido y amado.  Hoy te llamo nuevamente a la vida y te rescato del dolor en que estás, hoy YO, lleno tus vacíos y tus miedos, tus angustias y dolores. Yo quiero ser tu consuelo en las noches de desconsuelo. Yo quiero ser el dueño de tus pensamientos y sentimientos. Yo quiero ser la verdad que tanto buscas. Yo quiero ser tu única razón de existir. Yo quiero quitarte la cruz que te cargaste y que no es la mía. Yo quiero darte la mía que es suave y llevadera. Yo quiero ser tu opción fundamental. Yo quiero darte la paz y la armonía que tanto buscas. Yo quiero amarte para siempre y que te sientas amado para siempre, tú en mí y yo en ti"


Tarea de la semana.

Has recorrido bastante terreno del viaje de tu vida,  tal vez ya estes sin fuerzas, hasta de pronto las lágrimas han corrido por tu rostro en más de una ocasión. Es la oportunidad de revisar  dónde se ha anidado  el pecado en tu vida. Descubrir cuál o cuáles demonios son los que tienes que enfrentar. Si es necesario  saber cuál es el demonio que más te ataca,  relee sobre cómo funciona  y mira qué ayudas podrías conseguir para enfrentarlo. Reconoce con sencillez ¿cuál es tu debilidad? ¿Cómo está tu vasija?  Entrégala y deja que sea Dios el que la colme. No olvides compartir con alguien ésto que has reflexionado. Una buena ayuda siempre es importante.

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