La vida exige constantemente dejar ir, permitir que lo que ha pasado en nuestra vida y que cargamos como supuestos tesoros o tragedias se vayan yendo. Ser acumuladores de recuerdos por buenos o malos que sean hacen que el paso de la vida se vaya haciendo más lento y la vida se torne pesada. Hay que dejar ir como se amó y a los que se amó. Intentar que las otras personas nos amen como nos amaban ayer es la experiencia más esclavizante tanto para el que ama como para el amado. Pedir que nos amen como ayer es no creer en el cambio, es pretender que la persona no haya crecido. Obligar a alguien a que nos ame como nos amó ayer es cargarlo con nuestro miedo a crecer. Pedirle a alguien que no cambie porque a mí me resulta genial esa forma de ser es insultar su proceso de ser mejor cada día. Obligarnos a amar como amábamos ayer, a sentir lo que sentíamos es el fracaso de crecer como persona, es perder la novedad del amor, es quedarse con el amor atado al placer, al pasarl...
Mi misión: añadir valor agregado a las personas para que sean cada día encuentren su mejor versión.